martes, 28 de octubre de 2008

Conversaciones


Decía un amigo:


El monje, la flor y el monje

Una mañana, amaneciendo, caminaba un monje budista por un hermoso valle. Concentrado en sus oraciones, en su caminar, algo llamo su atención. Una hermosa y esbelta flor sobresalía de entre unas piedras y hierbajos. Su belleza dejaba el entorno en penumbras. Se dirigió a ella y arrodillándose extasiado comenzó lentamente a liberarla de aquellas piedras y hierbas que secuestraban tan hermosa flor. Lentamente y sumido en sus oraciones, el monje fue limpiando con todo su amor su entorno, hasta dejar un circulo de piedras que la protegiese de las agresiones de la naturaleza. El monje maravillado ante tanta belleza oró durante horas dando gracias por aquel regalo de la naturaleza. El sol ya empezaba a decaer, era tarde y debía continuar su camino. Se despidió de la flor y orando se alejó.
No tardó en pasar por ese mismo camino otro monje, que como el anterior se retiraba a su templo. Cuando reparó en la presencia de la flor, se dirigió a ella y entusiasmado dio gracias a Buda por darle un regalo tan hermoso. Con mucho amor se acercó a la flor y suavemente tiró del tallo, la arrancó y siguió su camino, orando feliz y contento. .
Da que pensar, quizás, si el segundo monje no hubiese arrancado la flor, al día siguiente una vaca sagrada se hubiese comido la flor, o peor aun, una gran mierda hubiese cubierto su belleza.
La naturaleza no entiende de bellezas, tiene un camino único e imparable, ella soluciona sus problemas sin ayuda de nadie.



Le replicaba yo:


Desde aquí se podría decir que el primer monje tomó la flor como punto de referencia en su meditación y así pudo ordenar sus pensamientos. (Recuerda la parábola de Jesús sobre el trigo y la cizaña).

El segundo tomó la flor como punto de referencia en su actitud gozosa, fruto ésta, de una correcta meditación.

Si nos fijamos en la flor, ella cumplió su ciclo natural y dio fruto en los dos monjes.

La vaca, en cuanto que sagrada, nos dice que desprenderse a tiempo de los deshechos es fertilizar la tierra para una nueva cosecha que hay que incorporar (comer) en el presente.

Se encontraron esos dos monjes en el camino y discutieron sobre la flor:

"La flor se está moviendo"
"El viento se está moviendo"
"Ni el viento, ni la flor. La mente se está moviendo"

domingo, 26 de octubre de 2008

Juan Ramón Jiménez






Mirar desde la visión del otro.

EL VIAJE DEFINITIVO
Corazón en el viento.


1910-1911
Juan Ramón Jiménez


Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostáljico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.


Desde Juan Ramón, vi este paisaje


A Juan Ramón Jiménez
(a una preocupación que no lo fue, en el fondo)

Se quiere ir y no puede.
Y deja el huerto, un canto, el pozo y un árbol
a modo de testigos de su paso
Y le parece poco.

Intenta que se vayan
los que vieron su luz
para sentir nostaljia de sí mismo
Y no le satisface

Se queda, finalmente,
haciendo que se vayan los demás
... sin hogar ... sin cielo azul



Él con su soledad, que le seguirá acompañando.

domingo, 19 de octubre de 2008

Libros


Lo sencillo no es simple, sino complejo.

Este precioso libro me emocionó.
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Librería Cálamo
Plaza San Francisco, 4
Zaragoza