domingo, 16 de agosto de 2009

José Barrionuevo - Abril 1999

Acababa de llegar a Chamartín y un amigo me señaló tu presencia. Sin pensarlo salí corriendo detrás de ti. La sorpresa de mi llamada no te dió tiempo a cambiar esa expresión tranquila y acogedora del que espera a un ser querido.


La cercanía te hace justicia, en televisión no eres tan guapo. Son muy torpes las cámaras para recoger los matices más importantes de un rostro complejo.


Hace casi un año que salí corriendo detrás de ti. Quería darte un abrazo, agradecer tu lucha de tantos años por un noble ideal. Estrechándome la mano quisiste saber cómo me llamaba y envolviste mi nombre con el regalo de tu gratitud por el ánimo que intentaba transmitir en ese momento difícil para ti. No pudo resultar mejor el encuentro.


Un grupo de amigos que asistimos al 10º Festival de Tango, regresábamos de Granada. En el tren hablamos de la diferencia entre ideologías y me diste el ejemplo perfecto para ilustrar la polémica. "Otros" se hubieran interesado por mi cartera... el cargo... a quién representaba. Pero a ti sólo te interesó mi nombre. Esa solidaridad de fondo nunca podrá entenderla quien pone el valor en el dinero.


Ayer regresé de Granada. Volví a disfrutar del 11º Festival Internacional de Tango y recordé lo agradecida que estoy por sentirme orgullosa de tener la misma nacionalidad que tú, de compartir los mismos ideales. Y volví a darte el abrazo que ahora te envío arrebujado en estas líneas.


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