jueves, 24 de noviembre de 2016

SOBRE "EL TANGO CON DARÍO"


 

 

El comienzo

Empezaré fuerte. La vida es el parpadeo de la conciencia.

Habréis oído decir a Machado: "los ojos en que te miras, son ojos porque te ven".

Nos sentimos observados y cada vez que he seguido el perfume de ese rastro me ha llevado al mismo sitio. Al centro de mi corazón, donde tú, mi cariño, te habías escondido.

Su historia

Dicen que el tango está unido a un sentimiento penoso: abandonos, olvidos, desengaños... Tengo oído que hay a quien no le gustaba verlo bailar por las caras tan serias que ponían los ejecutantes.
No es cierto. 

La tristeza es una de las muchas cuerdas que el tango hace sonar, porque la alegría, como toda luz, tiene su sombra. Y si algo hay de lo otro será por provocar, como Tanatos (la muerte) cuando nos asusta.

Pero es éste, un libro alegre, que nos cuenta (también a su autora) el desarrollo feliz de un encuentro amoroso. Y lo hace combinando palabra y música. La música como líquido amniótico del verbo. El lenguaje como una erótica insinuación a la conciencia para que construya su hogar en el corazón de quien habla. Y lo consigue, porque quiere quedarse hasta en la última página que habla de epitafios.

El silencio

¿Quién no ha oído el silencio? Este es uno de los aspectos más importantes del tango. Ese espacio en el que habita la inocencia. Donde, como dice Darío: "todo está ahí para ser adivinado".  

Habréis oído decir a Machado: "Converso con el hombre que siempre va conmigo" Estoy segura de que con "él" hablaba de "ella". "Ella" era el silencio.

La conversación

Silencio y conversación. Para que la danza adquiera el nivel de conversación, es fundamental escuchar la señal del compañero. Escuchar... para dejar que el otro escriba  sus mejores notas y así, leerse. ¿Cómo leerse? Imprescindible la distancia. (No se puede leer con la cuartilla pegada a la cara).

La distancia

Habréis oído decir a Rilke: "La mayor distancia es la que existe entre hombre y mujer" 

Pero ¿cómo saber que se alcanzó la distancia justa?  

Yo lo sé cuando oigo mi nombre.

En origen, han dicho los científicos, el mundo vibró como una nota musical entre dos explosiones. Una explosión -el Bing Bang es una pequeñez- producida cuando se encuentran dos opuestos. 

Oir el propio nombre en una voz enamorada, dicen, fue el verdadero origen de la música.

 

El libro

Palabra y música. De eso trata este ramillete envuelto como un regalo en una edición preciosa de la que "Impresionarte" (quienes lo han confeccionado) están tan contentos como yo.
Cómo creció

Mi hija fue la primera en oír todas y cada una de las páginas de este libro. Y cuando me las devolvió entre risas y asombro, la sorpresa fue mía al comprobar que estaban intactas las ideas. Que había resistido, como si ya fuera un libro consagrado, el viaje de una generación a otra.

Pasado este bautismo, lo llevé a Buenos Aires. Allí lo publicaron junto a otras ideas y se encontró tan cómodo que pidió repetir la experiencia. ¿Y quién le niega a un libro que "sea" para lo que ha nacido? Pues sí hay quién. Las editoriales que todas se negaron. (Tampoco fueron tantos los intentos). Pero ahí estaba yo, su autora y todos los amigos empujando a que me decidiera a publicarlo.

Prevengo:

Este libro tiene el color muy fuerte. El rojo nos recuerda la pasión y su peligro: perder esa pasión por no tener el equilibrio contrastado. 

Al mirarlo puede uno enamorarse, porque desde él, quien mira parece nuestro espejo.  La belleza siempre lleva línea de retorno.

Advierto:

Al leerlo puede verse como las palabras cambian de lugar, van y vienen de una idea a otra, incluso alguna vez tropiezan con la trampa de los puntos suspensivos ... pero ahí está el implacable ritmo que impone sus espacios, sus silencios y evita, de esta forma, el atropello de un montón de ideas menores que también querrían estar en los papeles.
Animo:

A encontrar el espacio, que para todos hay y a releerlo. No se escribe entre líneas de repente. Y eso hay que leer, lo que cada uno escribe en lo que lee.
 

Epílogo 

 


 La fuerza de los enamorados está en que el amor ni se da, ni se pide. Sencillamente se acepta.


 

 

jueves, 17 de noviembre de 2016

DUMBO





Entro en Dumbo. Me siento en una de sus mesas y un bolígrafo me pide que le siga. Voy detrás de él.

Dibuja un recorrido que intuyo interesante, pero no entiendo bien qué dice… y me dice:

“Tienes que elevarte”.

¿Te sigo o me distancio?

“No es incompatible”, contesta. “Tomando altura no me perderás de vista y además te encontrarás leyendo lo que escribo”.


Me cuesta. Tengo vértigo (no por la altura, sino por dejar el suelo que da seguridad) y el bolígrafo me ofrece su apoyo. Tiene una caperuza en la que puedo situar mi vista y cambia el panorama. Aparecen varias dimensiones. Puedo seguirle y leer lo que escribe al mismo tiempo.  

Cuenta la historia de alguien que se empeñaba solo en el espacio/tiempo y su vida era como un agujero negro. Un buen día recibió una clave. Mejor dicho, la traducción de una clave que tenía encriptada.  

Se dejó llevar y apareció al otro lado. Desde allí se veía completo. Le costó reconocerse porque hasta entonces no supo que los demás eran espejos suyos. 

El viaje fue ambivalente. Duro y hermoso, pero por fin se encontraba… feliz porque se encontraba. 

Curiosamente lo que parecía un final era solo un principio. 

Le agradecí a ese bolígrafo su empática historia que me sonaba a música celestial  y quiso volver a contármela. 
Ahí estamos, sin parar de sonreír.





lunes, 14 de noviembre de 2016

LAS PARCAS

Sueños 10 febrero 1996



Es de noche. Salgo de la sala para ir a dormir y veo con inquietud que la puerta de la calle se abre. Es muy raro, pues la cerradura funciona bien.
Aunque con miedo, voy a ver qué pasa. Abro la puerta del todo y me encuentro con dos mujeres totalmente vestidas de negro, tanto que solo consigo ver sus pies. A pesar de ello sé que son de mediana edad, una más alta que la otra. Dos parcas (esta denominación se la doy en vigilia, al despertarme.
Pregunto qué quieren, pero no me contestan. Llamo a mi compañero y tampoco. Quiero encender la luz, pero los interruptores no me hacen caso. Sube mi inquietud. Distingo una bolsa de plástico vacía que han dejado en el pomo exterior de la puerta.
Con una fortísima decisión les grito ¡fuera de aquí! al tiempo que cierro la puerta.

Me despierto con la piel totalmente erizada por el miedo.















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jueves, 10 de noviembre de 2016

ESPECIES PROTEGIDAS - Conversando con Francisco Pellicer



Francisco Pellicer dice:
 
Los espacios naturales protegidos sufren con frecuencia la dura pugna entre posturas conservacionistas y desarrollistas, de modo que pueden llegar a darse situaciones tan absurdas como la de plantear la disyuntiva sobre qué es más importante, si una determinada especie protegida o el habitante de estos territorios. Es preciso dejar las luchas estériles y convertir unos lugares privilegiados por la naturaleza en lugares privilegiados también para el encuentro y la concertación social.

El paisaje solo existe cuando los ojos lo miran y el corazón se enamora de su verdad.



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Hoy he conocido el Moncayo a través de un hermoso libro.

El mapa que se nos propone no puede tener mejor comienzo. Es decir, recorrerlo en compañía de amigos (Becquer, Machado, el autor), para que al mismo tiempo paseemos interiormente, en espejo, a dúo con la tierra.

Como en cualquier paisaje se combinan las luces con las sombras, pero aquí lo oscuro es sólo un subrayado para llamar nuestra atención sobre la transparencia de los ojos que vieron lo que ahora se narra.Y se nos cuenta todo, porque en este paseo no hay nada que limite (protege la inocencia).

Con solo dos palabras ("situaciones absurdas") Francisco Pellicer nos confidencia que sigue intacta su imaginación, como si fuera la mejor de las especies protegidas. Y provoca un silencio que repara cualquier alteración en el paisaje después de visitado, si es que la hubiera.

Finalmente se explaya en dar su clase magistral, sin olvidarse nada. Pero es tan vivo, tan vital su relato que pasa de la quietud al movimiento de la misma manera que nos contó sus sueños Akira Kurosawa.

Pero he visto algo más. Y ese es el viaje. Retornar (que no es regreso) a ese centro de partida, aligerada por la luz de esa conciencia.

 
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sábado, 5 de noviembre de 2016

SÍ y NO




Esto no, esto no, esto no, esto no, esto sí, esto no, esto sí, esto no, esto no…

La filosofía zen dice: esto sí.

Desde esa actitud, desde el sí,  cualquier “no” puede encontrar su otra mitad para “ser” y ser nunca es negativo porque es consciencia.

Retornar al hogar, a uno mismo, lleva consigo haberlo abandonado en el momento preciso. Entre esos dos momentos hay una historia que solo su protagonista puede contarla como es.




miércoles, 2 de noviembre de 2016