viernes, 31 de enero de 2025

DUMBO





Entro en Dumbo. Me siento en una de sus mesas y un bolígrafo me pide que le siga. Voy detrás de él.

Dibuja un recorrido que intuyo interesante, pero no entiendo bien qué dice… y me dice:

“Tienes que elevarte”.

¿Te sigo o me distancio?

“No es incompatible”, contesta. “Tomando altura no me perderás de vista y además te encontrarás leyendo lo que escribo”.


Me cuesta. Tengo vértigo (no por la altura, sino por dejar el suelo que da seguridad) y el bolígrafo me ofrece su apoyo. Tiene una caperuza en la que puedo situar mi vista y cambia el panorama. Aparecen varias dimensiones. Puedo seguirle y leer lo que escribe al mismo tiempo.  

Cuenta la historia de alguien que se empeñaba solo en el espacio/tiempo y su vida era como un agujero negro. Un buen día recibió una clave. Mejor dicho, la traducción de una clave que tenía encriptada.  

Se dejó llevar y apareció al otro lado. Desde allí se veía completo. Le costó reconocerse porque hasta entonces no supo que los demás eran espejos suyos. 

El viaje fue ambivalente. Duro y hermoso, pero por fin se encontraba… feliz porque se encontraba. 

Curiosamente lo que parecía un final era solo un principio. 

Le agradecí a ese bolígrafo su empática historia que me sonaba a música celestial  y quiso volver a contármela. 

Ahí estamos, sin parar de sonreír.





jueves, 30 de enero de 2025

EL TANGO CON DARIO - Biografía


Año 2000
El 18 de septiembre de 2000 llegó la carta de la Asociación Amigos del Tango "El Garage" con información sobre un concurso literario de poemas sobre el tango. Lo organizaba Silvia Arzac, Directora de la Casa de las Letras, Municipalidad de José C. Paz (Buenos Aires). Decidí presentarme, gustó al jurado y le dieron el primer premio.

miércoles, 29 de enero de 2025

ANTONIO G. OLIVARES - El vértigo de las ideas




La despedida de un baile.

Tiene el tango tal vitalidad, es tan fecundo, que podría compararse con un río. No se puede uno bañar dos veces en las mismas aguas. No se puede bailar igual un tango que el siguiente.

El final de un tango nos hace sentir orgullo, satisfacción por la culminación de un reto que hemos sabido afrontar. Y al mismo tiempo pena por su acabamiento.

Hemos oído muchas veces hablar del vacío en el que se encuentran los creadores de cualquier obra cuando la terminan y ese vacío aumenta con la calidad de lo que hicieron.

El diálogo con la persona querida.

El tango es una conversación con el otro. Se ha dicho que cada pieza es una historia de amor. Y es verdad. La catarsis del tango está en que el compañero generosamente nos presta su imagen para que en tres minutos hablemos de tú a tú con nosotros mismos. Es la “representación” de una historia de amor y por ello, para que el tango sea tango, estará blindada de cualquier transferencia hacia el otro.

Los actores saben bien del peligro que supone confundirse con su personaje.

En la relación íntima también está el peligro de invadir el terreno del otro. En un momento que se nos escapó, cambiamos la idea “Querer a” “Te quiero a ti” por “Querer de” “Quiero esto de ti”.

Si un día fui un cielo, ¿por qué hoy soy un infierno?
Si un día fui un héroe, ¿por qué hoy soy un ogro?

Yo no he cambiado (diría cualquiera de los dos protagonistas)

Y es verdad.


El diálogo por el propio amor de uno.

Es el único diálogo real que existe, el diálogo con uno mismo. Todo lo demás son proyecciones. Descubrir esos dragones y vencer las dificultades en las que esa luz nos sitúa es un reto que precisa de toda nuestra vida. Hasta el final.

Hemos hablado de tres finales. El final de un aspecto (un baile); el final de una relación amorosa (el diálogo con la persona amada) y el compromiso con uno mismo de recorrer hasta el final su propia historia, hasta el último día de su vida.

Os contaré un secreto que descubrí en El Tango con Darío. En el centro está la conciencia. Cuando llegamos al final, esta gran amiga, la conciencia, nos guarda una sorpresa.

Os aseguro que hay una para cada uno

Un torrente de posibilidades en la forma de bailar, de interpretar qué nos sugiere en cada momento cada tango.

Para este viaje necesitamos ponernos de acuerdo en el lenguaje. Por lo menos, saber en qué paisaje nos movemos.

A un lado el ritmo y al otro la melodía.

Allá, junto al ritmo, el cuerpo con todas sus necesidades.

Para escuchar la melodía, la idea como elevación.

Las necesidades humanas sujetas al ritmo de sus derechos.

La melodía de la libertad individual.

Repasemos:

El ritmo y la melodía.
El soma y la psique
Los derechos humanos y la individualidad

Se dice que cada tango es una historia de amor.

La historia es una sucesión de momentos y cada momento tiene su tiempo. Se nace y se muere. Lo que termina es porque ha empezado y todo comienzo indica un final previo.

Cuando una historia de amor termina ¿por qué pretendemos convencernos de que no hubo amor?

¿Por qué las arrugas de un anciano rostro podrían negar que ayer, ese rostro, fue joven?
El enamoramiento es un estado de gracia en el que nos vemos completos. Por un minuto acariciamos nuestra individualidad, entramos en el nirvana. Pero no es posible retener "a voluntad" esa emoción. El río de la vida traza su curso y hay que recorrerlo desde su nacimiento hasta la playa. Resulta complicado mantener el equilibrio de nuestra frágil nave. El tango nos da su clave.… no invadir espacios… dos soledades que se abrazan…no detenerse en los errores del otro… escuchar…

Cuando decimos o cuando nos dicen: "ya no estoy enamorado de ti", queremos decir "no tengo luz". Desde esta perspectiva no me veo. No puedo seguir en mí. Estoy ciego. Si yo quiero irme de allí porque ya no me veo, me resultará sencillo entender que el otro se fue para no perderse y dejaré de reprocharle que lo hiciera.

Dice Rojas Marco que la tristeza y el miedo son los ladrones de la felicidad.

Hay épocas de crecimiento en las que necesitamos nuevos aportes vitales y estos aportes solo se consiguen respondiendo correctamente a los nuevos retos. ¿Pero quién nos indica cómo hacerlo, si la actitud correcta requiere un espacio que aparece cuando adoptamos esa actitud correcta?





martes, 28 de enero de 2025

SOBRE "EL TANGO CON DARÍO"




El comienzo

Empezaré fuerte. La vida es el parpadeo de la conciencia.

Habréis oído decir a Machado: "los ojos en que te miras, son ojos porque te ven".

Nos sentimos observados y cada vez que he seguido el perfume de ese rastro me ha llevado al mismo sitio. Al centro de mi corazón, donde tú, mi cariño, te habías escondido.

Su historia

Dicen que el tango está unido a un sentimiento penoso: abandonos, olvidos, desengaños... Tengo oído que hay a quien no le gustaba verlo bailar por las caras tan serias que ponían los ejecutantes.
No es cierto. 

La tristeza es una de las muchas cuerdas que el tango hace sonar, porque la alegría, como toda luz, tiene su sombra. Y si algo hay de lo otro será por provocar, como Tanatos (la muerte) cuando nos asusta.

Pero es éste, un libro alegre, que nos cuenta (también a su autora) el desarrollo feliz de un encuentro amoroso. Y lo hace combinando palabra y música. La música como líquido amniótico del verbo. El lenguaje como una erótica insinuación a la conciencia para que construya su hogar en el corazón de quien habla. Y lo consigue, porque quiere quedarse hasta en la última página que habla de epitafios.

El silencio

¿Quién no ha oído el silencio? Este es uno de los aspectos más importantes del tango. Ese espacio en el que habita la inocencia. Donde, como dice Darío: "todo está ahí para ser adivinado".  

Habréis oído decir a Machado: "Converso con el hombre que siempre va conmigo" Estoy segura de que con "él" hablaba de "ella". "Ella" era el silencio.

La conversación

Silencio y conversación. Para que la danza adquiera el nivel de conversación, es fundamental escuchar la señal del compañero. Escuchar... para dejar que el otro escriba  sus mejores notas y así, leerse. ¿Cómo leerse? Imprescindible la distancia. (No se puede leer con la cuartilla pegada a la cara).

La distancia

Habréis oído decir a Rilke: "La mayor distancia es la que existe entre hombre y mujer" 

Pero ¿cómo saber que se alcanzó la distancia justa?  

Yo lo sé cuando oigo mi nombre.

En origen, han dicho los científicos, el mundo vibró como una nota musical entre dos explosiones. Una explosión -el Bing Bang es una pequeñez- producida cuando se encuentran dos opuestos. 

Oir el propio nombre en una voz enamorada, dicen, fue el verdadero origen de la música.


El libro

Palabra y música. De eso trata este ramillete envuelto como un regalo en una edición preciosa de la que "Impresionarte" (quienes lo han confeccionado) están tan contentos como yo.

Cómo creció

Mi hija fue la primera en oír todas y cada una de las páginas de este libro. Y cuando me las devolvió entre risas y asombro, la sorpresa fue mía al comprobar que estaban intactas las ideas. Que había resistido, como si ya fuera un libro consagrado, el viaje de una generación a otra.

Pasado este bautismo, lo llevé a Buenos Aires. Allí lo publicaron junto a otras ideas y se encontró tan cómodo que pidió repetir la experiencia. ¿Y quién le niega a un libro que "sea" para lo que ha nacido? Pues sí hay quién. Las editoriales que todas se negaron. (Tampoco fueron tantos los intentos). Pero ahí estaba yo, su autora y todos los amigos empujando a que me decidiera a publicarlo.

Prevengo:

Este libro tiene el color muy fuerte. El rojo nos recuerda la pasión y su peligro: perder esa pasión por no tener el equilibrio contrastado. 

Al mirarlo puede uno enamorarse, porque desde él, quien mira parece nuestro espejo.  La belleza siempre lleva línea de retorno.

Advierto:

Al leerlo puede verse como las palabras cambian de lugar, van y vienen de una idea a otra, incluso alguna vez tropiezan con la trampa de los puntos suspensivos ... pero ahí está el implacable ritmo que impone sus espacios, sus silencios y evita, de esta forma, el atropello de un montón de ideas menores que también querrían estar en los papeles.
Animo:

A encontrar el espacio, que para todos hay y a releerlo. No se escribe entre líneas de repente. Y eso hay que leer, lo que cada uno escribe en lo que lee.

Epílogo 


Comparto con vosotros mi descubrimiento:

 La fuerza de los enamorados está en que el amor ni se da, ni se pide. Sencillamente se acepta.