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miércoles, 4 de febrero de 2026

EXPOSICIÓN EN EL 2005

Sobre la Exposición
de acuarelas con textos y audición del libro
“El Tango con Darío”



























Sin la intervención de Roberto Tordesillas, director del Centro Cívico Terminillo y organizador en nombre del Ayuntamiento de Zaragoza, no hubiéramos podido realizar esta actividad.

Sin el apoyo de “El GaraGe”, el patrocinio de FIATC y la colaboración del Estudio Fotográfico Ignacio, tampoco. El diseño del cartel en manos de Danae Antón y Alberto Espi llegó “guapo”, a pesar de las limitaciones impuestas por cuestiones de ahorro y Chema Huerta nos ayudó con el sonido. Desde aquí les agradecemos a todos su fundamental intervención.

El jueves 10 de noviembre de 2005 se inauguró la exposición de acuarelas realizadas por Blanca García a las que se añadían los textos del libro “El Tango con Darío”, de María Bernad.

El acto resultó un tanto atípico, demasiado largo, bastante incómodo para los asistentes (calor y falta de sillas) y desequilibrado en las actuaciones por una serie de imprevistos achacables a la bisoñez de María como guionista. Además, empezó tarde y si quisieramos justificar este retraso desvelando que se nos perdieron los músicos, nos bajaría la nota por no haber previsto algo tan elemental como es indicar bien una dirección. Leona Andrea y María Lafarga sintetizaron con sus dibujos lo que debía corregirse.
A pesar de ello, esperamos haber conseguido lo que pretendíamos. Con la excusa del color y unos textos ya conocidos, queríamos presentaros a quienes en distintos momentos nos sorprendieron y creímos os podrían interesar.

Justo Erdociain, una voz con espacio para las emociones que provoca escucharle.

Konstancio Pradas que nos da pistas para encontrarnos con el flamenco.

Paco el de la Serrana que no repite nunca una pieza y recuerda por ello la riqueza del tango.

(Que Alberto Gambino quisiera acompañar a sus amigos Konstancio y Paco fue una generosidad que le agradecemos, pues gracias a esa sorpresa pudimos escuchar una fusión de tango y flamenco inesperada).

Volver a escuchar a Roberto Cáncer y Amparo Millán siempre es una entrañable novedad.

(A Maria Laborda no os la presento porque fue ella quien presentó).

Esta introducción anunciaba el diálogo que el sábado 19 de noviembre 2005 mantuvieron Antonio García Olivares y Miguel Ropero Nuñez sobre tango y flamenco. Sorprendentemente, el moderador, Alonso Cordel, al moderarse a sí mismo, consiguió entonar la tercera voz con tan perfecta justeza que habló de sí mismo dejando todo el protagonismo a Miguel y Antonio. Ellos estuvieron a la recíproca y pasaron de dos a ser tres las voces que nos regalaron una interesantísima conversación sobre la similitud entre dos culturas aparentemente tan distintas.

Dos culturas y el silencio de los asistentes. Emocionaba el clima conseguido y no era de extrañar que surgiera esa entrañable sintonía, por la forma de decir lo que dijeron y la receptividad de quienes escuchaban.

Pero ahí estábamos nosotras para interrumpir y dejar a tod@s contrariados protestando por tan inoportuna censura en un momento en el que los tres ponentes habían conseguido entusiasmar.

Para darle a la noche una continuidad en la misma sintonía fuimos a “La Galería”, a una de las cenas organizadas por Rocío y Juan Carlos. Además de reponer energías, disfrutamos con una demostración de folklore argentino que nos pareció no estar muy alejado de las sevillanas. ¿Estaríamos influenciados por todo lo que oímos?

Mañana más sobre este tema.

viernes, 23 de enero de 2026

1-RECORDANDO LA EXPOSICIÓN EN EL 2005


Buenas noches a tod@s.

La exposición que hoy inauguramos empieza con algo conocido.
Unos cuantos poemas del libro “El Tango con Darío”, de María Bernad, comparten espacio con las acuarelas de Blanca García, la música de Roberto Cáncer y la lectura de Justo Erdociain.

Decir blanco es hacer una síntesis de todos los colores… y algo más. Cuando queremos decir algo en clave positiva, recurrimos a él porque es un cóctel de proporciones exactas que siempre nos permite “pintar algo”.

Decir Blanca es algo parecido.
En su generosidad siempre podemos encontrar hospitalidad para cualquier idea.
Yo le pedí compañía en esta empresa y en la simpleza de una cartulina, esbozó solo unas pinceladas de lo que ella sabe hacer para no distraer demasiado la atención de los textos escritos.
Por eso el color en sus manos va directo a la emoción.
“Azucar morena” dice de ella Alonso Cordel, poniendo el ejemplo exacto de fusiones vitales.



continuará...


lunes, 25 de noviembre de 2024

domingo, 24 de noviembre de 2024

sábado, 23 de noviembre de 2024

Exposición 2005-Conferencia




Conferencia de Antonio García Olivares.






El enamoramiento y sus espejismos.

Muchos tangos describen el estado de enamoramiento. Soneto a un sueño nuevo, de Ardizzone y Surt, lo define como una “mentira” y un “hechizo” que “valdrá la pena vivir”, algo en lo que están de acuerdo otros tangos. Muestra también algunos otros rasgos de este estado: “déjame que te idealice aún equivocado… como un sortilegio irreal, casi enfermizo”. Manual del enamorado, de Ferrer y Garello, continúa esta descripción: “Para vivir enamorado, hay que fugarse al ser amado”, metáfora que parece sugerir el escapar de la prisión del propio yo, para entrar en el amado. Compara al enamorado con “un internado que gime tras haber gozado y aún disfruta el sufrimiento”. Porque el amor es una “hermosa pesadilla” que “si es grande crece con la herida”. Y achaca al enamorado el “mentir como un bandido”, no sabemos si a sí mismo, y “absolver como un prelado” al otro, a quién se ve “fanáticamente” como “perfecto”.

Pasional, de Caldera y Soto, abunda en éstos síntomas utilizando metáforas ya analizadas, como la de los labios como arma o los besos como droga y encantamiento que conducen a un estado de enloquecimiento: “Tus labios que queman, tus besos que embriagan y que torturan mi razón”, “no podrás entender lo que es amar y enloquecer”, “caricias que me atan, a tus encantos de mujer… estás clavada en mí, como una daga en la carne… quiero en tus brazos morir”, “nunca sabrás … lo que es amar y enloquecer”.

Otros tangos muestran la tendencia del enamoramiento a identificarse con el todo. Cuando el amor es exitoso, el mundo parece feliz, mientras que cuando el amor es fracasado: “son muy largos los caminos, trayendo una sed que quema, qué triste el arroyo seco, tan parecido a tu pena” (Morocha triste, de Sanguinetti y Maciel).

Sin embargo, otros tangos recogen el paso del amor-enamoramiento al más realista amor-amistad que surge con la convivencia: “Estaba ciego en mi delirio… y ahora que cayó la venda de mis ojos … ví que eras una vulgar muñeca de cartón… la luz de la experiencia me alumbra el corazón” (Ciego, de Luis Rubinstein). O: “yo fui al civil solito, y por amor. Y ella me lo decía: ‘Mira querido, que tengo mi carácter, que soy así…’. No importa… ¿Por qué no me hice humo cuando la ví?” (Cipriano, de Marfil y Vidal).

El vals Cielito lindo acepta esta evolución como una ley natural: “Todas las ilusiones… que el amor fragua, son como las espumas… que forma el agua… Suben y crecen, y con el mismo cielito lindo, desaparecen”.

Causas y motivos del amor.

Si prestamos atención a los elementos que causan, provocan o “despiertan” el amor, observaremos que algunos tangos enfatizan los elementos “fetichistas” que están en el inicio mismo de muchos amores: sus ojos, su sonrisa, su pelo, sus labios, sus pies, como en Mi canción, de María Greves: “Vi en tus ojos, un mundo de ilusiones desconocido”. A veces, el elemento de fijación fetichista no es un rasgo físico, pues la mujer es descrita como poco atractiva, sino “un cutis de muñeca” o una actitud: “Mi nariz es puntiaguda, la figura no me ayuda y mi boca es un buzón”, pero: “pierden la cabeza… que yo tengo, unos ojos soñadores … tengo un cutis de muñeca … modesta siempre fui” (Se dice de mí, de Canaro y Pelay).

La milonga Azúcar, Pimienta y Sal, de Varela, Rossi y Aznar, al igual que otros tangos, achaca el amor a que la partenaire tenga gustos y formas de ser que el amante valora, aunque no coincidan necesariamente con los propios: es “rebelde y angelical”, le gusta, como al amante, “el café y el cigarrillo … y sin plata caminar”, etc. En otros casos, se valora que la persona amada sea un cómplice en el juego de la vida, que de alguna manera potencie las capacidades de uno, lo cual es coherente con la metáfora del amor como lucha contra la vida. En otros casos (Te quiero por buena, de Russo, Ruiz y Rufino), se valora la “bondad”, y en otros, la “sinceridad” y la “sencillez”.

Algunos tangos describen el hombre ideal para algunas mujeres como dominante y sensual, como en Mi pueblo blanco, de Serrat: “fuerte pa’ ser su señor, y tierno para el amor”.

Otros muchos tangos asocian la atracción amorosa, no a causas externas, sino a una pulsión interior, de origen desconocido: “Te quiero, porque te quiero”. O, como en Ese insondable modo de querernos, de Peyrano y Boedo, donde parece asociar el amor a algo supraindividual como podría ser la especie humana, más que a los individuos: “Es insondable el modo de querernos, que se escapa a la razón de quien nos mira, es profundo y tiene algo de eterno, como si hubiera recorrido muchas vidas”.

Otros parecen sugerir que la imagen del objeto amado está previamente en lo inconsciente: “Sos … la imagen de mi alma” (Adelina, de Ezeiza y Gardel), o: “Sin saber que existías te deseaba, antes de conocerte te adiviné … el día que cruzaste por mi camino, tuve el presentimiento de algo fatal, esos ojos, me dije, son mi destino” (Presentimiento, de Emilio Pacheco). Otros afirman que el objeto amado es dibujado por los sueños: “Te forjé con mis sueños en flor… Vieja historia repetida de los sueños juveniles” (Pigmalión, de Expósito y Piáosla); “En mis sueños ya te imaginé, por eso si algún día nos cruzáramos los dos, sé que te reconoceré” (Si no me engaña el corazón, de Bahr y Miseritsky).

Además, el cuerpo parece tener razones que la razón desconoce: “Clamor de piel, en el apretón de manos, cuando fuimos presentados, por primera vez” (Clamor de piel, de Modestá, Yoni y Vallejo).

Otros subrayan la dificultad de luchar contra una fuerza esencialmente irracional: “es duro desafiar el corazón, cuando se ciega y se encapricha en un querer, y es en vano matar con reflexión … el sentir del hombre o la mujer … Es una fuerza imposible de vencer” (Qué fácil es decir, de Tabanilla y Scciamarella). Esta fuerza a veces es más fuerte que las convenciones sociales: “Mi destino es quererte. Y el destino es más fuerte, que el prejuicio, el deber y el honor” (Prohibido, de Bahr y Sucher).

Como corolario de esa irracionalidad del amor, nadie debería decir que domina al amor o que puede dar consejos sobre él: “El amor fue siempre el gran emperador, que… a todos por igual, nos hace dar mas vueltas, que gallina en el corral” (Cosas del amor, Sciammarella y Maleaba). O: “El amor es un anzuelo, donde el más lince se ensarta, y donde se pierden muchos envidos, con treinta y tres … Sobre eso no des consejos, ni al que es tu mejor amigo”.

Riesgos del amor.

El amor es una apuesta arriesgada, dicen muchos tangos, y el riesgo procede de su volatilidad: “No hay nada bajo el sol, más volátil que el amor” (Acuérdate de mí, de A. Cucci). Como es una especie de apuesta, se puede ganar mucho, pero como el partenaire haga trampas, se puede perder mucho más: “aquella coqueta y risueña mujer, que al jurar sonriendo, el amor que está mintiendo… ¡cuántos desengaños, por una cabeza! … vos sabés que no hay que jugar” (Por una cabeza, de Gardel y le Pera). En algunos casos, esta mentira se debe a que la mujer utiliza la relación amorosa únicamente como medio de promoción social: “la pinta que dios me ha dado, la tengo que hacer valer” (Pipistrela, de Canaro y Ochoa), una situación que debió ser frecuente sobre todo en el ambiente social original del tango.

Otros tangos descargan la responsabilidad del partenaire para dársela a la misma naturaleza del amor: “al potro del amor, no hay gaucho domador que lo domine” (Llorar por una mujer, de Cadícamo y Rodríguez), o: “Es el amor un bien malvado… regala sueños y pañales, y al fin te quita los regalos” (Manual del enamorado, de Ferrer y Garello).

Debido a esa naturaleza poco fiable, hay que entrar en el amor conscientes de los riesgos: las “rosas que son más hermosas” (están) “tan llenas de espinas, que causan heridas en el corazón” (En los campos en flor, de Le Pera y Gardel).

Debido a ese riesgo que se afronta, hay que valorar “el valor que representa el coraje de querer” (Cuesta abajo, de Gardel y Le Pera) y debido al valor que requiere: “es inmoral, sentirse mal, por haber querido tanto” e incluso: “debería estar prohibido, haber vivido y no haber amado” (Jugar con fuego, de Calamaro y Mores), pese a las consecuencias fatales para el alma que trae su fracaso: “se desangra, por un beso de mujer” (A las dos de la mañana, de Massa y Donato).


jueves, 21 de noviembre de 2024

Exposición 2005 - Conferencia






















(Conferencia de Antonio G.Olivares)


Definiciones del amor en el tango.

Además de las metáforas citadas en la introducción, hemos recogido otras definiciones que el tango da del amor agrupándolas bajo los encabezamientos de los siguientes apartados.

Domesticación de una fuerza o impulso salvaje.

En los tangos, el amor aparece a veces como una fuerza o impulso irracional y otras como algo que amansa y domestica ese impulso interior, como en el Joropo Venezolano La potranca zaina, que compara a la mujer con una potra salvaje que cae en el lazo del amor y es domesticada cuando se enamora. En muchos tangos, se enfatiza la pérdida de libertad que conlleva este proceso.

En muchos tangos, otro efecto del amor es sustituir las componentes más agresivas y dominantes de la personalidad del vividor masculino por una actitud más receptiva. Si identificamos la parte “masculina” que hay en todo ser como sus actitudes dominantes y activas y la parte “femenina” con sus actitudes receptivas, podríamos decir que el amor “feminiza” al varón dominante según muchos tangos.


Embrujo, hechizo o encantamiento con brebaje.

Otros tangos definen el amor como un embrujo, como en: Embrujado, de Maldonado y Marín o en En tus ojos de cielo, de Maderna y Rubinstein, encantamiento que a veces se provoca mediante algo como un brebaje: “¡Decí, por Dios, qué me has dao, que estoy tan cambiao!... ¡No sé más quien soy!” (Malevaje, de Discépolo y Filiberto). El embrujo a veces “aprisiona la vida”, “hace perder el rumbo del camino” o la libertad.

En algún caso, en lugar de un brebaje embriagador, se trata de un veneno: “Mozo! Sírveme en la copa rota, quiero sangrar gota a gota, el veneno de su amor” (Copa rota, de Calamaro). Alla en el bajo, de Aguilar, Massa, Magaldi y Noda, sugiere un lugar donde la mujer guarda ese veneno: “en las pupilas, guarda el veneno de la pasión”.

Luz, sol y fuego.

Otros tangos definen el amor como una “luz”, un “sol” o un “fuego” que alumbran la vida de uno, eliminando de ella el “frío”, la “oscuridad”, la “noche larga” o el “dolor” producido por el vivir. Consistente con esta metáfora, la amada se concibe en algunos tangos como un “sol” que guía la vida del amante, como en Mi diosa, de Grandis y De Caro, donde el amante es comparado con un “girasol”.

El gran riesgo es que, como dice Farolito de papel, de Garcia Jiménez y Lespes, esa luminaria se puede apagar, o quemarle a uno por exceso de brillo o bien puede traer “mucho humo y poca luz”. O bien, como en Bajo el cono de luz, de Volpes y De Angelis, esa luz puede crear espejismos mortales: “Mariposa que al querer llegar al sol, sólo encontró, la luz azul de un reflector”. O como en Embrujado, de Maldonado y Marín, donde la “hoguera del amor” atrae al amante a “inmolarse” en ella.

En algunos tangos es la “pasión” amorosa la que es identificada con el fuego que quema al amante y la “luz que lo ilumina” surge de los ojos de la amada, una luz cuya pérdida provoca en él efectos parecidos a los de la falta de una droga.

El tango En las sombras, de Meaños y Mauricio Mora, muestra cómo entender filosóficamente el amor para evitar decepciones: Como “un rayo de sol” que, como “el sol de la mañana” te alumbra y “como viene se va”.

Acuarelas: Blanca García
Fotografías acuarelas: Ignacio Aguas


(continuará)




miércoles, 30 de octubre de 2024

miércoles, 23 de octubre de 2024

Exposición 2005-Conferencia


Conferencia de Antonio García Olivares












El enamoramiento y sus espejismos.

Muchos tangos describen el estado de enamoramiento. Soneto a un sueño nuevo, de Ardizzone y Surt, lo define como una “mentira” y un “hechizo” que “valdrá la pena vivir”, algo en lo que están de acuerdo otros tangos. Muestra también algunos otros rasgos de este estado: “déjame que te idealice aún equivocado… como un sortilegio irreal, casi enfermizo”. Manual del enamorado, de Ferrer y Garello, continúa esta descripción: “Para vivir enamorado, hay que fugarse al ser amado”, metáfora que parece sugerir el escapar de la prisión del propio yo, para entrar en el amado. Compara al enamorado con “un internado que gime tras haber gozado y aún disfruta el sufrimiento”. Porque el amor es una “hermosa pesadilla” que “si es grande crece con la herida”. Y achaca al enamorado el “mentir como un bandido”, no sabemos si a sí mismo, y “absolver como un prelado” al otro, a quién se ve “fanáticamente” como “perfecto”.

Pasional, de Caldera y Soto, abunda en éstos síntomas utilizando metáforas ya analizadas, como la de los labios como arma o los besos como droga y encantamiento que conducen a un estado de enloquecimiento: “Tus labios que queman, tus besos que embriagan y que torturan mi razón”, “no podrás entender lo que es amar y enloquecer”, “caricias que me atan, a tus encantos de mujer… estás clavada en mí, como una daga en la carne… quiero en tus brazos morir”, “nunca sabrás … lo que es amar y enloquecer”.

Otros tangos muestran la tendencia del enamoramiento a identificarse con el todo. Cuando el amor es exitoso, el mundo parece feliz, mientras que cuando el amor es fracasado: “son muy largos los caminos, trayendo una sed que quema, qué triste el arroyo seco, tan parecido a tu pena” (Morocha triste, de Sanguinetti y Maciel).

Sin embargo, otros tangos recogen el paso del amor-enamoramiento al más realista amor-amistad que surge con la convivencia: “Estaba ciego en mi delirio… y ahora que cayó la venda de mis ojos … ví que eras una vulgar muñeca de cartón… la luz de la experiencia me alumbra el corazón” (Ciego, de Luis Rubinstein). O: “yo fui al civil solito, y por amor. Y ella me lo decía: ‘Mira querido, que tengo mi carácter, que soy así…’. No importa… ¿Por qué no me hice humo cuando la ví?” (Cipriano, de Marfil y Vidal).

El vals Cielito lindo acepta esta evolución como una ley natural: “Todas las ilusiones… que el amor fragua, son como las espumas… que forma el agua… Suben y crecen, y con el mismo cielito lindo, desaparecen”.

Causas y motivos del amor.

Si prestamos atención a los elementos que causan, provocan o “despiertan” el amor, observaremos que algunos tangos enfatizan los elementos “fetichistas” que están en el inicio mismo de muchos amores: sus ojos, su sonrisa, su pelo, sus labios, sus pies, como en Mi canción, de María Greves: “Vi en tus ojos, un mundo de ilusiones desconocido”. A veces, el elemento de fijación fetichista no es un rasgo físico, pues la mujer es descrita como poco atractiva, sino “un cutis de muñeca” o una actitud: “Mi nariz es puntiaguda, la figura no me ayuda y mi boca es un buzón”, pero: “pierden la cabeza… que yo tengo, unos ojos soñadores … tengo un cutis de muñeca … modesta siempre fui” (Se dice de mí, de Canaro y Pelay).

La milonga Azúcar, Pimienta y Sal, de Varela, Rossi y Aznar, al igual que otros tangos, achaca el amor a que la partenaire tenga gustos y formas de ser que el amante valora, aunque no coincidan necesariamente con los propios: es “rebelde y angelical”, le gusta, como al amante, “el café y el cigarrillo … y sin plata caminar”, etc. En otros casos, se valora que la persona amada sea un cómplice en el juego de la vida, que de alguna manera potencie las capacidades de uno, lo cual es coherente con la metáfora del amor como lucha contra la vida. En otros casos (Te quiero por buena, de Russo, Ruiz y Rufino), se valora la “bondad”, y en otros, la “sinceridad” y la “sencillez”.

Algunos tangos describen el hombre ideal para algunas mujeres como dominante y sensual, como en Mi pueblo blanco, de Serrat: “fuerte pa’ ser su señor, y tierno para el amor”.

Otros muchos tangos asocian la atracción amorosa, no a causas externas, sino a una pulsión interior, de origen desconocido: “Te quiero, porque te quiero”. O, como en Ese insondable modo de querernos, de Peyrano y Boedo, donde parece asociar el amor a algo supraindividual como podría ser la especie humana, más que a los individuos: “Es insondable el modo de querernos, que se escapa a la razón de quien nos mira, es profundo y tiene algo de eterno, como si hubiera recorrido muchas vidas”.

Otros parecen sugerir que la imagen del objeto amado está previamente en lo inconsciente: “Sos … la imagen de mi alma” (Adelina, de Ezeiza y Gardel), o: “Sin saber que existías te deseaba, antes de conocerte te adiviné … el día que cruzaste por mi camino, tuve el presentimiento de algo fatal, esos ojos, me dije, son mi destino” (Presentimiento, de Emilio Pacheco). Otros afirman que el objeto amado es dibujado por los sueños: “Te forjé con mis sueños en flor… Vieja historia repetida de los sueños juveniles” (Pigmalión, de Expósito y Piáosla); “En mis sueños ya te imaginé, por eso si algún día nos cruzáramos los dos, sé que te reconoceré” (Si no me engaña el corazón, de Bahr y Miseritsky).

Además, el cuerpo parece tener razones que la razón desconoce: “Clamor de piel, en el apretón de manos, cuando fuimos presentados, por primera vez” (Clamor de piel, de Modestá, Yoni y Vallejo).

Otros subrayan la dificultad de luchar contra una fuerza esencialmente irracional: “es duro desafiar el corazón, cuando se ciega y se encapricha en un querer, y es en vano matar con reflexión … el sentir del hombre o la mujer … Es una fuerza imposible de vencer” (Qué fácil es decir, de Tabanilla y Scciamarella). Esta fuerza a veces es más fuerte que las convenciones sociales: “Mi destino es quererte. Y el destino es más fuerte, que el prejuicio, el deber y el honor” (Prohibido, de Bahr y Sucher).

Como corolario de esa irracionalidad del amor, nadie debería decir que domina al amor o que puede dar consejos sobre él: “El amor fue siempre el gran emperador, que… a todos por igual, nos hace dar mas vueltas, que gallina en el corral” (Cosas del amor, Sciammarella y Maleaba). O: “El amor es un anzuelo, donde el más lince se ensarta, y donde se pierden muchos envidos, con treinta y tres … Sobre eso no des consejos, ni al que es tu mejor amigo”.








Acuarelas: Blanca García
Fotografías acuarelas: Ignacio Aguas




miércoles, 31 de julio de 2024

EXPOSICIÓN EN EL 2014 - ¿QUÉ NOS DICEN LOS TANGOS SOBRE EL AMOR?

Sobre la Exposición
de acuarelas con textos y audición del libro
“El Tango con Darío”


   Sin la intervención de Roberto Tordesillas, director del Centro Cívico Terminillo y organizador en nombre del Ayuntamiento de Zaragoza, no hubiéramos podido realizar esta actividad. Sin el apoyo de “El GaraGe”, el patrocinio de FIATC y la colaboración del Estudio Fotográfico Ignacio, tampoco. El diseño del cartel en manos de Danae Antón y Alberto Espi llegó “guapo”, a pesar de las limitaciones impuestas por cuestiones de ahorro y Chema Huerta nos ayudó con el sonido.
Desde aquí les agradecemos a todos su fundamental intervención.
     El jueves 10 de noviembre del 2005 se inauguró la exposición de acuarelas realizadas por Blanca García a las que se añadían los textos del libro “El Tango con Darío”, de María Bernad.
    El acto resultó un tanto atípico, demasiado largo, bastante incómodo para los asistentes (calor y falta de sillas) y desequilibrado en las actuaciones por una serie de imprevistos achacables a la bisoñez de María como guionista. Además, empezó tarde y si quisieramos justificar este retraso desvelando que se nos perdieron los músicos, nos bajaría la nota por no haber previsto algo tan elemental como es indicar bien una dirección.
     A pesar de ello, esperamos haber conseguido lo que pretendíamos. Con la excusa del color y unos textos ya conocidos, queríamos presentaros a quienes en distintos momentos nos sorprendieron y creímos os podrían interesar.

     Justo Erdociain, una voz con espacio para las emociones que provoca escucharle.
     Konstancio Pradas que nos da pistas para encontrarnos con el flamenco.
     Paco el de la Serrana que no repite nunca una pieza y recuerda por ello la riqueza del tango.
     (Que Alberto Gambino quisiera acompañar a sus amigos Konstancio y Paco fue una generosidad que le agradecemos, pues gracias a esa sorpresa pudimos escuchar una fusión de tango y flamenco inesperada).
Volver a escuchar a Roberto Cáncer y Amparo Millán siempre es una entrañable novedad.

(A Maria Laborda no os la presento porque fue ella quien presentó).
     Esta introducción anunciaba el diálogo que el sábado 19 de noviembre mantuvieron Antonio García Olivares y Miguel Ropero Nuñez sobre tango y flamenco. Sorprendentemente, el moderador, Alonso Cordel, al moderarse a sí mismo, consiguió entonar la tercera voz con tan perfecta justeza que habló de sí mismo dejando todo el protagonismo a Miguel y Antonio. Ellos estuvieron a la recíproca y pasaron de dos a ser tres las voces que nos regalaron una interesantísima conversación sobre la similitud entre dos culturas aparentemente tan distintas.
     Dos culturas y el silencio de los asistentes. Emocionaba el clima conseguido y no era de extrañar que surgiera esa entrañable sintonía, por la forma de decir lo que dijeron y la receptividad de quienes escuchaban.
     Pero ahí estábamos nosotras para interrumpir y dejar a tod@s contrariados protestando por tan inoportuna censura en un momento en el que los tres ponentes habían conseguido entusiasmar.
     Para darle a la noche una continuidad en la misma sintonía fuimos a “La Galería”, a una de las cenas organizadas por Rocío y Juan Carlos. Además de reponer energías, disfrutamos con una demostración de folklore argentino que nos pareció no estar muy alejado de las sevillanas. ¿Estaríamos influenciados por todo lo que oímos?
     Nos preguntareis, ¿y qué dijeron? Vosotros mismos podréis escucharlo en la siguiente una grabación.
     Para nosotras ha sido un placer volver a ver y oír a todos los que han participado, público incluido.  Esperamos que las gracias hayan podido ser recíprocas.




domingo, 14 de enero de 2024

Exposición 2005 - Conferencia

Conferencia de Antonio G.Olivares
















El amor en la psicología

Si buscamos la palabra “amor” en un diccionario, encontraremos, típicamente, tres significados para el concepto: (i) Intenso deseo sexual por otra persona; (ii) Emoción positiva intensa de cuidado y afecto; (iii) Fuerte atracción o entusiasmo por algo.

En los tres casos, se trata de un sentimiento de atracción o aprecio que, siguiendo al psiquiatra Claudio Naranjo, podríamos formalizar algo más psicológicamente, en las siguientes tres clases:
-Amor de hijo, o erótico, o libido.
-Amor de madre o benevolencia o ágape (caridad).
-Amor-admiración.

La primera clase de amor consistiría en un aprecio o estimación por el ser humano capaz de satisfacer los propios instintos, sexuales o de seguridad.
La segunda clase consistiría en un aprecio, estimación y/o identificación con los humanos en general tal como son o por alguna característica concreta típica de los humanos (e.g. su fragilidad, sencillez, nobleza, naturaleza pacífica, etc) y/o por los humanos concretos que poseen esa característica.
Si nos concentramos sólo en el amor interpersonal, y no en el amor a símbolos abstractos, la tercera clase consistiría en una estimación o admiración por los humanos tal como podrían llegar a ser o por una forma (humana) de existir, de ser, de estar, de existir, que se considera óptimamente deseable o valiosa y por los humanos que la representan.

Como ejemplo, el enamoramiento sería un amor-admiración despertado por alguien que a la vez despierta deseos eróticos, conscientes o inconscientes.

No encontraremos en las letras de los tangos una definición tan psicológica de los distintos tipos de amor, pero sí observamos que estas tres clases de amor son descritas con cierta frecuencia y, por tanto, son implícitamente aceptadas. En particular, el amor de hijo, el amor pasional (que tiene una componente erótica innegable), el amor de madre y el amor-admiración, aparecen con mucha frecuencia.

John Alan Lee en The colors of love (1973) identificó tres estilos o formas de amar primarias que se combinan en las relaciones amorosas reales: (i) Eros o atracción por una persona ideal, (ii) Ludus o amor como juego, (iii) Storge (amor familiar) o búsqueda de la amistad. De nuevo los tres tipos aparecen en las descripciones que ofrecen los tangos de personajes tales como el enamorado, el vividor y el marido leal, respectivamente.

Claudio Naranjo (Naranjo 2000) ha estudiado los rasgos habituales en las formas de amar de los nueve tipos de personalidades humanas de su clasificación, basada en un eneagrama de nueve clases o eneatipos. Pese a que aún está por desarrollar un trabajo de contrastación más riguroso, esta clasificación caractereológica es bastante útil como tipología, pues recoge nueve “pasiones dominantes” del carácter y sus mecanismos de defensa asociados, que cubren un espectro bastante amplio de tipos humanos reconocibles. A continuación resumiremos la forma de amar distintiva de algunos de los eneatipos que con más frecuencia aparecen en las letras de los tangos.

Eneatipo II, amor-pasión (E2): Carácter seductor por excelencia, el histriónico E2 se muestra muy amoroso. Pero ese amor es inestable, superficial y condicional pese a su aparente intensidad. El E2 se esmera en ofrecer un amor maravilloso, único y extraordinario, pero en contrapartida, es un pozo sin fondo que no se sacia nunca. Incluso habiendo encontrado un “amor verdadero”, la persona E2 es difícil, invasora, puede ser celosa, infantil, irresponsable e inconsecuente. No soporta heridas a su orgullo ni a su imagen siempre idealizada. Su amor termina fácilmente en desencanto o aburrimiento y búsqueda de nuevo objeto. Las llamadas “mujeres fatales” de la literatura y el cine, así como del tango, suelen corresponderse bien con este tipo. Confirma su auto-imagen de dador acumulando relaciones. Es un carácter muy bueno también en el rol de gran madre. Necesita “ser necesitado”, se podría decir.

Eneatipo III, amor narcisista (E3): El vanidoso y utilitarista E3 se valora si su imagen es valorada. Esto le hace tan autocontrolado que pierde la capacidad de entrega. El amor en sí puede ser desvalorizado frente al trabajo o al éxito. Además, la relación puede sufrir por el excesivo control de la pareja o de los hijos. Este amor se expresa más en actos serviciales que en comunicación de afecto. Sabe hacerse indispensable y alimenta la dependencia. Los E3 dominan el rol amoroso como dominan todos los roles. Irradian alegría y adaptabilidad, aunque también superficialidad. Ante la frustración, adopta la posición de víctima agresiva y hieren la autoestima de quien lo ha frustrado de forma precisa y afilada.

Eneatipo IV, amor-enfermedad (E4): Para el romántico masoquista E4 el amor es una pasión enfermiza, dolorosa y fortuita pero inevitable. Al igual que el E2, su amor es apasionado, pero el orgulloso E2 exalta e idealiza su pasión, mientras que el envidioso E4 (que no cree en sí mismo) más bien la sufre. Tiene un sentimiento carencial, como de envidia, que se autofrustra por su exceso. Pide más de lo que es esperable dar y molesta al otro con su acoso. Como se sabe acosador e inconscientemente agresivo, no se siente digno y anticipa su propio rechazo, que se vuelve así realidad más fácilmente. Se vuelve dependiente del que ama, pero si su amor es correspondido, ello invalida al otro: “si me quieres a mí, que soy una porquería, ¿qué clase de persona eres?,¿otro como yo?”. Para el E4 el amor nunca es lo suficientemente exaltado, lo suficientemente romántico ni lo suficientemente perfecto. El E4 es servicial, acomodaticio, sacrificado, que aguanta hasta el masoquismo la frustración y el sufrimiento. A la vez, presenta ese sufrimiento como moneda para que se le compense con amor (victimismo y chantaje emocional). Algunos desarrollan cierta arrogante vengatividad. Lo erótico puede ser vehementemente perseguido, pues es algo que le saca de lo ordinario y calma su sed de intensidad, pero tiene dificultades para entregarse al placer y al otro, llegando a veces a la inhibición orgásmica. También es aficionado al amor-dar tipo caridad: defensa de los oprimidos y necesitados, pues aunque él mismo no sabe recibir piedad, se apiada fácilmente del que no la tiene.

Eneatipo V, desapegado (E5): El reservado E5 tomó la decisión, en algún momento de su desarrollo, de arreglárselas solo, por eso es uno de los caracteres que aparentan ser menos amorosos. Es contrario al impulso de fusión con el otro porque alberga una verdadera pasión por evitar los vínculos. No sólo expresa poco su posible cariño, sino que es más indiferente y alejado. Le gusta recibir, pero no lo pide, pues ello podría molestar y conducir a una mayor frustración que la autoimpuesta. Se ha acomodado a vivir con las mínimas necesidades respecto de otros. Cree poco en el amor, al igual que el E8 y tiende a pensar que quienes se lo manifiestan lo hacen por otros motivos. Puede sentir el deseo del otro como algo que le limita.

Eneatipo VI, amor sumiso y amor paternalista (E6): El temeroso tipo VI desconfía de la entrega que implica el amor. Se teme ser engañado, sometido, humillado, controlado. Tienen problemas para establecer relaciones filiales igualitarias: unos van de huerfanitos por la vida, buscando protección, mientras que otros toman una actitud paternalista eliminadora del miedo en los otros. Hay una ambivalencia continua frente a lo exterior, de amor y odio, confianza y desconfianza. Por otra parte, funciona desde el control en aras del deber más que desde el deseo, porque implícitamente se piensa, en la línea de Freud, que el propio “ello” desatado sería algo horrible. Lo podemos identificar con el “amor desconfiado” de muchos protagonistas varones de tangos.

Eneatipo VII, amor cómodo (E7): El autoindulgente VII es seductor y cariñoso como el E2, pero necesita ante todo un amor indulgente, que no le exija ni le ponga límites y, a cambio, ofrece al otro permisividad. En lugar de un amor-pasión como el E2, el E7 busca un amor tranquilo, agradable y a salvo de problemas, como el “amor galante” de la época cortesana. Tiende a una confusión entre el amor y el placer y entre el amor y la no interferencia en el cumplimiento de los deseos o amor-comodidad. Se bate en retirada ante compromisos, obligaciones o restricciones, por lo que es un amor un poco inestable, siempre exploratorio. Agravado porque al goloso “oral-optimista” E7 lo lejano siempre le parece más atractivo que lo cercano. Busca relaciones sin roce y sabe encontrarlas, salvo que difícilmente pueden llamarse relaciones. Tiene una actitud muy amistosa, simpática e igualitaria y entra en conversación fácilmente. Su amor es muy lúdico y sabe simpáticamente hacer aceptables su juegos a los demás.

Eneatipo VIII, amor avasallador (E8): Dada la indiferencia emocional del E8, sería propio hablar de atracción lujuriosa más que de amor lujurioso en este tipo. El Don Juan original (el burlador) se correspondería con este tipo: un amor que invade, utiliza, abusa, explota, y que exige a su vez un amor que se someta y se deje explotar. En su posición cínica, y en guerra con el mundo, no cree en el amor del otro, lo pone a prueba pidiéndole lo imposible o pidiéndole el dolor como manifestación de sinceridad. Puede admirar modelos fuertes de persona. El amor de pareja del E8 es invasivo, excesivo, avasallador, violento y antisentimental. Amor-contacto, no emocional, sin compromisos y con negación de la dependencia. El amor a sí es el más fuerte y el amor al prójimo va en segundo lugar, pese a ser aparentemente antisocial: es contrario a las normas más que a las personas concretas. Sin embargo, su amor a sí no es un amor al niño de pecho interior, sino a un adolescente titánico que se ha propuesto conseguir lo que no se le dio en su momento.

Los dos tipos amorosos del extremo del eneagrama son más difícilmente reconocibles entre los protagonistas de los tangos:
-Las personas perfeccionistas, rígidas e invasoras del Eneatipo I.
-Las perezosas, maternales y acomodaticias del tipo IX.

La tesina de García Martín (García Martín 1992) subraya el ambiente del lupanar y la subcultura asociada a él como origen del ambiente que describen muchos tangos:

“El hecho es que una casa de lenocinio agrupa soledades, no las integra. La dinámica del prostíbulo acerca a sus habitantes pero mantiene las distancias entre ellos; es decir, les hace volver hacia su propio interior.” Como decía Sábato (Sábato, 1963, pag. 15): «El puro acto sexual es doblemente triste, ya que no sólo deja al hombre en su soledad inicial, sino que la agrava y ensombrece con la frustración del intento». Y también: “Hay un sentimiento latente -casi nunca racionalizado- de "círculo vicioso", en el que se ve sumido el individuo que frecuenta el prostíbulo. (…) Es sobre todo la impotencia por reformar lo indeseable lo que da lugar al llanto, la imposibilidad de romper ese "círculo vicioso". A eso corresponde siempre un clima exterior, un clima físico característico, que es la lluvia, la niebla, la garúa o el color gris de lo que rodea al protagonista.”

En mi opinión, aunque esto explica el ambiente descrito en algunas letras, éstas describen, más generalmente, el propio ambiente social de la Buenos Aires de las primeras décadas del siglo XX. Una sociedad de recursos muy limitados, limitado acceso a la propiedad de la tierra y al ascenso social, constituida principalmente por inmigrantes alienados de sus culturas de origen, con fuerte desproporción entre población de hombres y de mujeres y fuerte competición entre los hombres por el acceso al trabajo y a las mujeres. Para una introducción a los orígenes históricos del tango véase García-Olivares (2003) y Labraña y Sebastián (1992).

Ante un ambiente adverso y agresivo la construcción de un ego poderoso y blindado es una solución muy promovida desde la revolución romántica (véase García-Olivares 1997).

Como dice García-Martín: “(Hay en el ambiente del tango una) complicidad sutil, consistente en la camaradería con los "compañeros de fatigas", aunque guardando las distancias. Esto, sin embargo, no impide la violencia, la crueldad y el desprecio hacia ellos cuando se trata de la autoafirmación en el ambiente. La razón es bien simple: la jerarquía de valores se construye en torno al concepto de supervivencia (en todos los sentidos; por lo general la supervivencia de la relación con la mujer supone la supervivencia material, física; el compadrito vive de la prostitución de su compañera)”.

Sin embargo, incluso aunque no se dependa materialmente de la mujer, el fracaso en la competición por seducirla recuerda dolorosamente que ese ego que tanto ha costado montar no nos inmuniza del fracaso vital en general ni de nuestra inferioridad frente a otros.
(continuará...)

Acuarelas: Blanca García
Fotografía acuarelas: Ignacio Aguas








CONFERENCIA ANTONIO G.OLIVARES - Exposición en el 2005 -

Conferencia: Antonio García Olivares



























Metáforas del saber popular (III): el amor en el tango
Antonio García-Olivares

Resumen
El análisis metafórico es un valioso instrumento para estudiar los presupuestos implícitos de un grupo social. Este artículo, continuación de dos trabajos previos, analiza las metáforas que utilizan los grupos sociales que crearon el tango cuando describen un tema tan importante culturalmente como es el amor. La concepción del amor del tango es coherente con su visión desconfiada ante la vida. Para el tango, el amor es: fuerza irracional, fuego, nutriente, locura, hechizo y embriaguez , y la relación amorosa es: cooperación en la lucha, caminar conjunto, cooperación volátil, paraíso artificial, juego, dominación y lucha. Todas estas metáforas coinciden o son desarrollos de las metáforas básicas sobre el amor identificadas por Lakoff y Kövecses en varias lenguas occidentales. Las metáforas anglosajonas del amor como inversión y como máquina no son frecuentes en el tango. Los tangos describen además los espejismos del enamoramiento, las causas y motivos del mismo, los riesgos del amor, los efectos del desamor, las distintas maneras de amar y proporciona consejos para que cada cual pueda obtener lo mejor del amar.

Introducción

Este artículo es el tercer capítulo de un trabajo de investigación en que el autor se propuso el estudio de los presupuestos culturales, intereses y aspiraciones de los grupos sociales que crearon el tango, mediante el análisis de las metáforas que tales grupos utilizan en sus canciones (véanse: García-Olivares, 2003; 2004). Como vimos en esos trabajos previos, las letras de los tangos constituyen una auténtica filosofía popular sobre la vida que, en parte, coincide con la que se trasluce del análisis de las letras del flamenco. El origen humilde de los grupos sociales creadores de ambas formas de canción podría estar detrás de sus coincidencias en las formas de plantear la propia experiencia vital.

Para aquellos dos trabajos, así como para éste, se partió del análisis de las letras de (por entonces) 6.984 tangos que aparecían recogidos en el servidor Gardel de Internet (http://argentina.informatik.uni-muenchen.de/argentina.html), creado por Luis Mandel y Federico Waisman. De esta colección de tangos, se seleccionaron 227 que hablaban sobre el amor y que hemos utilizados aquí para analizar qué dice el tango sobre este objeto complejo e importante.

Seis de cada siete tangos tienen un contenido descriptivo de situaciones particulares, que no son fácilmente generalizables, y por ello no fueron seleccionados. Sin embargo, la mayoría de estos tangos rechazados hablaban también de temas amorosos, lo cual ilustra la importancia que para el tango tiene este tema, en comparación con otros temas que también se analizaron, que son: la vida, el saber, el mundo y la sociedad, la persona, la ética y el propio tango.

De todas las formas de análisis metafórico posibles (véase Lizcano, 1998), hemos utilizado la que consiste en fijar un término metafórico, aquí el amor, y buscar todos los sujetos metafóricos que el tango utiliza para describir dicho tema o término.

El lingüista Kövecses (1988; 1990; 1991) ha mostrado que hay correlaciones entre la forma como la gente experimenta el amor y la presencia de ciertas metáforas conceptuales que hablan sobre ese tema en su propia cultura. Estos y otros estudios apoyan el papel que las metáforas parecen tener como constituyentes de significados (véase, por ejemplo, Lakoff y Johnson, 1991). Otros trabajos, como el de Murphy (1996) han puesto en duda el papel de las metáforas como las fuentes únicas del significado del tema al que se aplican. Según Murphy, la metáfora puede relacionar un término con un sujeto porque hay una analogía estructural previa entre los conceptos relacionados. Este autor considera más verosímil que el contenido de una representación no esté constituido completamente pero sí influido por las metáforas que la propia cultura utiliza para describirlo. A falta de más evidencia empírica, el rol de la metáfora parece estar entre ser el único mecanismo constitutivo del significado de los objetos complejos y ser una influencia importante en este significado.

Según los estudios de Koevecses, hay metáforas muy frecuentes en el mundo anglosajón, y también en el hispanoparlante, que describen el amor como “un nutriente” (“estaba sedienta de amor”), la cual conduce a la gente a experimentar el amor como una necesidad, o la metáfora occidental de origen platónico de que “el amor es la unidad de dos partes complementarias” (“estamos hechos el uno para el otro”, “es mi media naranja”, “ella y yo somos uno”, serían expresiones equivalentes en castellano), que inducirían a la gente a concebir el amor como un estado idílico y en perfecta armonía, un lazo poderoso entre dos seres (“la rotura de la relación”) y una especie de necesidad.

Otra metáfora habitual en las lenguas europeas es la que describe el amor como un fluido con la capacidad de impregnar total o parcialmente a uno: “Esta relación no me llena del todo” o “estoy lleno de amor”. ¿Qué es lo que es llenado en uno?. De acuerdo con Barthes (1977) podría ser el deseo: “(el ser amado) es la imagen singular que ha venido milagrosamente a responder a la especificidad de mi deseo”. Más en la línea de Ortega, podría ser la atención: “El enamoramiento es atención anómalamente detenida en otra persona” (Ortega y Gasset, 1985).

En nuestro análisis de las letras de los tangos hemos encontrado estas metáforas, pero también otras muchas metáforas descriptivas del amor, que constituyen una visión de enorme riqueza filosófica y psicológica sobre este complejo tema.

En los dos artículos anteriores, describíamos el ambiente social que acompañó al tango a lo largo de su historia. En sus orígenes, se trata de un conjunto heterogéneo de inmigrantes procedentes de Europa y de la Pampa argentina, que convivieron junto con ex-esclavos negros, compartiendo antiguos caserones coloniales o conventillos, donde se agrupaba el 28% de la población. La competencia por conseguir un lugar en el eximio mercado de trabajo fue feroz desde el principio, y lo siguió siendo prácticamente hasta la actualidad, pues Argentina no consiguió nunca despegar económicamente, en contra de las esperanzas de casi todos.

Otro dato importante es la gran disparidad que se produjo entre hombres y mujeres. En 1869 Argentina contaba con 1.700.000 habitantes. Entre esta fecha y 1930, el país ingresó seis millones de extranjeros, de los que el 70% eran hombres, cuyo 70% a su vez estaban entre los 20 y los 40 años de edad. Esto es, casi todos eran hombres en edad fértil (R. Flores, 2000).

Muchos de estos hombres se encontraron sin pareja permanente, y se arrimaron al tango para bailar, pero usaron el baile sobre todo como una manera de acercarse a una mujer, aunque fuera paga y con tiempo limitado (como ocurría en las academias, donde se pagaba a veces para bailar con las camareras); a la vez que otros hombres utilizaron la música como una forma de integración a una nueva tierra donde se sentían solos.

El tango pues, como no podía ser menos, sirvió entre otras cosas, como medio de acercamiento a las pocas mujeres disponibles, y como medio de lucimiento competitivo entre los hombres a la hora de llamar la atención de esas mujeres. Esta competición debió de influir probablemente en el gusto masculino por formas de bailar cada vez más espectaculares.
(continuará...)

Acuarelas: Blanca García
Fotografía Acuarelas: Ignacio Aguas







PACO EL DE LA SERRANA y ALBERTO GAMBINO-Exposición en el 2005



(Paco el de la Serrana y Alberto Gambino)


..Justo Erdociain, diga lo que diga, lo dice bien y un@ no se cansa de escucharle. Como actor profesional está acostumbrado a viajar por diferentes estados de ánimo y siempre consigue llegar donde quiere. Es un experto mendigo que sabe pedirle a la vida lo que la vida trae para él.

Os decía que Justo siempre va donde quiere. Yo le pedí que quisiera recitar el poema de José María Gabriel y Galán “El embargo” por dos razones. Porque el acento extremeño que da otro color a la forma de decir y una prueba más de que, en todas partes, las penas se viven en gris..

(Justo recita el verso de Gabriel y Galán)

(cuando termina suena el tango "Mi noche triste, interpretada por El Cabrero.
(Pista 1)
Manuel Barrios, El Cabrero interpretando "Mi noche triste" de Pascual Contursi. Como habréis escuchado es un tango lleno de lunfardo con acento flamenco.

Esto sólo ha sido un adelanto de la conversación entre las dos culturas a la que estamos todos invitados. Será el sábado 19 de noviembre a las seis y media en el salón de actos de este mismo centro. Os dejaré los elogios a vosotros cuando escuchéis a Antonio García Olivares hablar sobre la filosofía de la vida a través del tango y a Miguel Ropero Nuñez de la Poesía en el Flamenco. No os perdáis esta conversación.

San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo,
Pompeya y, más alla, la inundación,
tu melena de novia en el recuerdo,
y tu nombre flotando en el adios...
La esquina del herrero barro y pampa,
tu casa, tu vereda y el zanjon
y un perfume de yuyos y de alfalfa
que me llena de nuevo el corazón.

Sur... paredón y después...
Sur... una luz de almacen...
Ya nunca me veras como me vieras,
recostado en la vidriera
y esperandote,
ya nunca alumbrare con las estrellas
nuestra marcha sin querellas
por las noches de Pompeya.
Las calles y las lunas suburbanas
y mi amor en tu ventana
todo ha muerto, ya lo se.

San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido,
Pompeya y, al llegar al terraplen,
tus veinte años temblando de cariño
bajo el beso que entonces te robe.
Nostalgia de las cosas que han pasado,
arena que la vida se llevo,
pesadumbre del barrio que ha cambiado
y amargura del sueño que murio.

Sur... paredón y después...
Sur... una luz de almacen...

Recita Justo Sur

(Canta Roberto Cancer Sur)



Fotografías acuarelas






sábado, 13 de enero de 2024

KONSTANCIO PRADAS-Exposición en el 2005



Konstancio Pradas


"El flamenco es la expresión más singular de todas las manifestadas dentro del panorama musical español. Se nutre de gran cantidad de culturas que a lo largo de la historia han ido pasando por la península" nos dice Konstancio Pradas. Y nos recuerda la similitud de sus orígenes con los del tango."



Acuarelas

viernes, 12 de enero de 2024

2-RECORDANDO LA EXPOSICIÓN EN EL 2005









Fusiones o cruces.

(Canta Roberto El Cruce ) (Pista 27)

A los doce años, Roberto Cáncer Alayeto estudia guitarra con profesores de clásico y flamenco. Desde entonces la música y él han sido inseparables. En 1967 Oriente quiso quedárselo pero la tierra tira y en 1970 volvió a los escenarios españoles. En 1980 dejó de actuar como profesional y repartió su tiempo entre la canción y el teatro. Desde 1999 es socio de “El GaraGe”. Para resumir esta última etapa diremos que el tango le sedujo, Amparo Millán a él y ellos a nosotros.

(Se oye el poema “El Cruce)










continuará...

viernes, 8 de diciembre de 2023

Acuarelas de Blanca García




Exposición y conferencia sobre tango y flamenco