jueves, 5 de noviembre de 2026

LA RECETA DEL AJO


Carta a unos amigos en el siglo pasado




Queridos todos, aunque un poco tarde, ahí va lo prometido: "la receta del ajo".  Hay un abanico de dolencias que trata y de ellas diría que no os afecta ninguna por lo bien que os encontramos.

 De momento ya ha tenido unos buenos efectos: servir de excusa para volvernos a comunicar.

Se dice, y es cierto, que lo más saludable es el cariño.






miércoles, 4 de noviembre de 2026

7-LA MEMORIA




La Memoria

Allí estaba, sentado en dirección a la puerta. Por eso pude verlo bien cuando subí al autobús.
Al otro lado, en dirección contraria, ocupe un asiento y seguí con detalle todos sus movimientos. Iba hablando solo, con aquella forma peculiar de ensimismamiento que usan los que no tienen interlocutor.
De repente, cambió el tono monocorde por un recuerdo, al parecer, doloroso: “Te escribí varias cartas”… (se decía). “…siempre me las devolviste”… (se apenaba), y tras esa lucidez volvía al estado anterior, como si esta secuencia (repetida varias veces) fuera la partitura de su vida.
El vehículo paró y subieron varias personas. En la rapidez que requieren estas maniobras una chica tropezó con el pie de nuestro juglar. Ella le pidió inmediatamente perdón, pero aquel hombre no aceptó sus excusas. “Hay que mirar bien donde se pisa” dijo en tono quejumbroso, “no basta con pedir perdón…” La causante de este “atropello” quería hacerle entender que el pisotón no había sido intencionado, pero todas las explicaciones fueron inútiles. Su recriminación consiguió angustiar a la mujer y le hice un gesto para rebajar su sentimiento de culpa: “no se lo tenga en cuenta, no está bien”. Ella asintió y él siguió empeñado en su queja.
Durante todo el día me acompañó esa escena. ¿Qué dirían aquellas cartas? ¿A quién iban dirigidas? ¿Acaso imploraban un perdón? No tenía datos y eso impedía construir cualquier guión, pero era una buena excusa para recordar que solo puede perdonar quien lo ha hecho consigo mismo.

Recordé a mi padre. El destino, sin sentido aparente, le rompió la memoria y la información quedó tan huérfana como aquel ser humano solo en el autobús o mi madre durante tantos años.

Solo se me ocurrió decir, “tranquilos, yo me acuerdo por los tres”.

***
(Traducción María Rubio)

martes, 3 de noviembre de 2026

CORRESPONDENCIA EN EL 2005






Zaragoza, domingo 13 de noviembre de 2005

Querida María:

Sólo dos letritas, probablemente te veamos dentro de un ratito, pero quería decirte, que como siempre y en todo lo que preparas, es fantástico, lleno de entusiasmo, buen gusto, y sorprendente, me gusto muchísimo todo, y transmites tu pasión no sólo por el tango sino por todas las cosas que haces, les imprimes carácter y nos haces coparticipes y entusiastas a nosotros también, vas más allá del abrazo del tango, porque nos arropas y nos descubres nuevas fronteras. Gracias por ser como eres. Muchos besos. Eva.

 


 

Zaragoza, miércoles 16 de noviembre de 2005


A Eva

En general estoy contenta. Fue una presentación ambivalente, con aspectos positivos aunque demasiado larga, bastante incómoda para los asistentes (calor y falta de sillas) y un tanto desequilibrada en las actuaciones por una serie de imprevistos achacables a mi bisoñez como maestra de ceremonias. 

“Sólo dos letritas” dices, y has sintetizado perfectamente lo que pretendía con esa exposición. Me has emocionado, porque ciertamente mostrar los poemas ha sido una excusa para presentaros a Blanca García que es una artista, a Konstancio Pradas y Paco el de la Serrana (tiene cinco churumbeles) a quienes conocí en un curso de “palmeo” y me parecieron magníficos. A Miguel Ropero al que oirle es un placer por la pasión que pone en lo que dice. Y también volver a recordar lo que tenemos en “casa”. Antonio García Olivares y Amparo y Roberto. 

“Solo dos letritas” y te dibujas entusiasta, vital, valiente para descubrir nuevos aspectos, generosa, hospitalaria y no me dejas otra respuesta que asentir en cómo me ves porque si no me estaría perdiendo cómo eres. 

Gracias, Eva. Me quedo los besos.

 

 

 

lunes, 2 de noviembre de 2026

PISTAS PARA ENCONTRARNOS


Enero 2003



¿Por qué nos enfadamos?
Enfadarse es infantil

Portándonos como críos perdemos de vista (aunque solo sea por un momento) a ese "niño" que llevamos dentro.

No ver es estar ciego.

Ciegos nos "vemos" desvalidos y protestamos por ese abandono

Pedimos una luz y mil caras responden con gesto de sorpresa: ¿A quién te diriges?
Nos vemos sorprendidos, porque si lo supiéramos ya seríamos lúcidos. Ordenaríamos el mosaico de espacios que es la vida y tendríamos respuestas en lugar de este jeroglífico.

Desenfadémonos.

A primera vista es simple y como para el esfuerzo de mirar dos veces no estamos preparados, se nos complica todo.

No importa. El tiempo es generoso.

Solo reconociendo que "el otro" está sujeto a lo inevitable, tendremos el valor de mirarnos nosotros. Nos veremos "derechos" porque aquellos "renglones torcidos" estaban esperando nuestro impulso.
Esa caricia de la conciencia levantará la mano del destino.

Al dueño de ese dedo habrá que darle un beso por jugar con nosotros a ser de nuevo niños.

¡Qué sencillo!

*