Preguntar es solo una provocación, una espera, para darte tiempo a que puedas responsabilizarte de las acciones que se deriven de tus respuestas.
En mi carta anterior te hablaba del símbolo. El big bang es solo eso, un símbolo necesario para comunicarnos. Un cuento para adultos. Un entretenimiento que nos acompaña, junto a otros muchos, hasta que consigamos oír decir al niño que llevamos dentro que la vida no es tan simple como parece, sino mucho más sencilla.
Podríamos hablar de ti largamente (cuanto mides, qué pesas, de qué color tienes la piel, con qué pie sales de casa...) ¿Pero realmente hablaríamos de ti? Podríamos dedicar media vida a explicar lo que ocurría a tu alrededor mientras escribías “El Club de las Siete Gatas” y no decir nada fundamental de este interesantísimo relato. Pero si te digo que hablas de tú a tú con Harry Potter, que tu historia está llena de misterio, que donde hay suelo tú le das la vuelta para que sea cielo, ¿verdad que te sientes identificada?



