jueves, 20 de agosto de 2026
miércoles, 19 de agosto de 2026
EQUILIBRIO - Conversaciones con Andrea

Intenta caminar por esa línea del suelo. Puedes ayudarte con los brazos para mantener el equilibrio. Es fácil. La dificultad aumenta si la línea está suspendida en el espacio. Da vértigo. Los funámbulos se compensan con una pértiga.
Cuando somos pequeños caminamos a gatas. Un poco más tarde conseguimos hacerlo de pie y con este ejercicio logramos mantener la atención de quienes nos rodean. Nos prestan sus brazos para no caer y usamos su tiempo como si no tuvieran otra cosa en la que ocuparse. Así ocurre en distintas etapas de crecimiento que se cierran con la llave de “normalidad”.
Cuando se dice que las cosas funcionan con “normalidad” se entiende que hay un cierto equilibrio entre problemas y soluciones, que hemos conseguido un grado de satisfacción similar para la mayoría y que somos capaces de quejarnos dentro de un orden. Prestamos nuestra colaboración a la sociedad para conseguir entre todos una mayor calidad de vida. La idea de conseguir un “desarrollo sostenible” me parece especialmente equilibrada.
“Samsara” me ha dado pie para conversar con un amigo sobre la dificultad de encontrar el equilibrio en “la contradicción que se plantea frecuentemente entre las expectativas que otros se hacen de lo que debe ser tu comportamiento y tus propias expectativas, así como entre tus expectativas y tu comportamiento real”. (Te dejo a solas con esta reflexión).
Cuando somos pequeños caminamos a gatas. Un poco más tarde conseguimos hacerlo de pie y con este ejercicio logramos mantener la atención de quienes nos rodean. Nos prestan sus brazos para no caer y usamos su tiempo como si no tuvieran otra cosa en la que ocuparse. Así ocurre en distintas etapas de crecimiento que se cierran con la llave de “normalidad”.
Cuando se dice que las cosas funcionan con “normalidad” se entiende que hay un cierto equilibrio entre problemas y soluciones, que hemos conseguido un grado de satisfacción similar para la mayoría y que somos capaces de quejarnos dentro de un orden. Prestamos nuestra colaboración a la sociedad para conseguir entre todos una mayor calidad de vida. La idea de conseguir un “desarrollo sostenible” me parece especialmente equilibrada.
“Samsara” me ha dado pie para conversar con un amigo sobre la dificultad de encontrar el equilibrio en “la contradicción que se plantea frecuentemente entre las expectativas que otros se hacen de lo que debe ser tu comportamiento y tus propias expectativas, así como entre tus expectativas y tu comportamiento real”. (Te dejo a solas con esta reflexión).
***
martes, 18 de agosto de 2026
A MIGUEL ROPERO NUÑEZ
(Dibujo de Anita Brus)
Si pudiéramos sentir que la vida es el ritmo de la conciencia, contemplaríamos el “palo” de la nuestra con “alegría”
lunes, 17 de agosto de 2026
LOLI, un 4 de febrero del 2010 en la Escuela de Escritores
Ella dice:
Me gusta dormirme con el aroma y
la suavidad de la ropa de algodón si además en ese momento escucho un disco con
sonidos de la naturaleza mucho mejor.
Me gusta imaginar que paseo por mi playa
privada en un día que el sol brilla en lo alto y la mar está en calma. Paseo descalza
con el agua mojando mis pies.
Me gusta mucho volver a mi pueblo, pasar los
veranos y oler el aroma que emana de la tierra mojada por una tormenta cercana.
Coger caracoles y comerlos con ali oli. Meterme en mayo en los campos de mies
que prometen una cosecha abundante.
Me gusta saborear una buena lectura, ver
una buena película y los amaneceres que durante años he presenciado en mi turno
de noche. Me gusta mucho el aguacate, la naranja, el melón y saborear cualquier
comida con un buen vino tinto del Somontano.
Me gustan los niños y los “yayos”.
De los primeros su mirada expectante, su sonrisa. De los segundos sus manos y
la mirada serena de una vida vivida.
Acabo de darme cuenta que a pesar de lo que estoy viviendo me gusta la vida y me gusta el esfuerzo que he hecho para venir.
Acabo de darme cuenta que a pesar de lo que estoy viviendo me gusta la vida y me gusta el esfuerzo que he hecho para venir.
A mi tampoco me gustan esas manos
blandas, “fofas” que a veces tienes que rozar.
No me gusta la presión a la que
la vida actual me somete.
No me gusta nada estar yo aquí, mientras me necesitan
“allá”.
No me gustan las vísceras de animales, salvo el hígado de ternasco o
cordero.
No soporto la violencia ni las peleas.
No me gustan las críticas, ni
recibirlas ni hacerlas.
No me gusta que me lleven la contraria, no me gusta el
bullicio excesivo.
No me gusta cocinar, pero lo hago con amor.
No me gusta el
desprecio y la negligencia que veo en mi entorno hacia nuestros mayores.
No me gusta que en mi trabajo no atiendan nuestras demandas y trabajar en vano.
No me
gustan las tareas de la casa.
No me gusta que se me caigan tanto las cosas
porque tengo que inclinarme a recogerlas.
No me gusta estar sola pero busco esa
soledad.
No me gusta, odio, la hipocresía.
El mal hacer, la no disciplina en el trabajo.
No me gustan tantas cosas…
Digo yo:
Lo único que no me gusta de ella es que a veces deja de contemplar su hermoso paisaje. Pero ese despiste es breve.
Me gusta su capacidad de amistad.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



