sábado, 22 de agosto de 2026

RECORDANDO NUESTRO VIAJE A BUENOS AIRES EN DICIEMBRE DEL 2000

 




 

Zaragoza nos despidió compartiendo con nosotras la interrogante de un viaje inesperado. 

Aprovechamos los "pasillos" del tiempo entre vuelos para ver a la familia, y conocer algún aeropuerto, "aeroparque", como dirían ellos. 

Pasadas 26 horas desde que salimos de casa, la entrada en Buenos Aires no pudo ser mejor. Silvia nos recibió con la hospitalidad del propio nombre, preludio de una acogida intemporal. 

Desde su coche los primeros contrastes. Atravesamos un barrio lleno de sueños pendientes y alguna pesadilla, pero el final del camino, como la misma vida, terminaba en el paraíso. Una casa (que sería la nuestra durante esos días) rodeada de naturaleza verde, árboles, jardines, pájaros y algún habitante más que luego nos visitaría., modificó la primera impresión de inquietud. Pero quedarle solas en un espacio tan abierto nos preocupaba un poco. 

Silvia nos dejó instalándonos, pero poco duró este abandono, menos que la cortina entre dos tangos. Enseguida volvió acompañada. Este intervalo parecía hecho a propósito para subrayar la llegada de Juan, el alma de una casa que hasta entonces había estado vacía. Juan nos guardaría día y noche, añadiendo a su seguridad un ritmo en nuestro descontrol horario. El café del desayuno y el de regreso (no importaba la hora que marcase el reloj) mantenía el latido cotidiano que tiene el hogar. 

El recibimiento lo enriqueció Teresa con unas exquisitas empanadas que renovaron nuestras energías y cuya receta no llegamos a conocer. 

¡Qué decir de Zaida!, la pequeña hija de Silvia. Tan pocos años para tanta madurez. 

Nos volvieron a dejaron solas un ratito. Digo bien solas, la soledad precisa un paisaje especial y estaba perfectamente protegida nuestra intimidad por ese excelente guardián que compartió nuestro viaje. 

El Club de Leones y el Rotary Club tuvieron la cálida idea de invitarnos a una reunión de "familia" y a la cena posterior cocinada por las "chicas". Una placa conmemorativa deja constancia de su amabilidad con nosotras, además de un "corazoncito" (un símbolo del Club) que nos hizo latir con ellos. 

Terminado el encuentro fuimos a perdernos por Buenos Aires. Exactamente perdernos. A pesar de que no bailamos esa noche, fueron tres horas de paseo con encanto: San Telmo, Piedras, Corrientes, La Ideal-no vista, Casa Rosada… Café Tortoni-no visto... 

El regreso a casa. La sorpresa de volver escoltadas por una patrulla de la policía nos hizo comprobar que las advertencias de prevención "exageradas" en su momento, se quedaban chicas comparadas con la inseguridad equivalente a la protección recibida. 

Silvia tenía compromisos al día siguiente. Decidimos hacer el viaje solas. Remis, tren, autobús, en total dos horas y media para recorrer los 35 km que nos separaba de Buenos Aires. Flora nos esperaba en su casa para comer. Después nos llevaría a la milonga Sin Rumbo, un lugar amplio donde bailamos los primeros tangos con acento (aunque hay quien pronuncia muy bien en Zaragoza, Córdoba, Granada, Madrid...)

 

(continuará)

 

 

            Espero haberos hecho sonreír un rato.


viernes, 21 de agosto de 2026

DUMBO - ABDUL y PAPA NOEL






Tendremos que leer tres veces, como en los cuentos, para llegar a escuchar la música de esa letra.



(El Peine del Viento - Eduardo Chillida)

jueves, 20 de agosto de 2026

PAISAJES

La Rioja, Canarias, Restaurante La Retama


















C/ Reconquista 4, Zaragoza



(No es publicidad, sino cariño)









miércoles, 19 de agosto de 2026

EQUILIBRIO - Conversaciones con Andrea


Intenta caminar por esa línea del suelo. Puedes ayudarte con los brazos para mantener el equilibrio. Es fácil. La dificultad aumenta si la línea está suspendida en el espacio. Da vértigo. Los funámbulos se compensan con una pértiga.

Cuando somos pequeños caminamos a gatas. Un poco más tarde conseguimos hacerlo de pie y con este ejercicio logramos mantener la atención de quienes nos rodean. Nos prestan sus brazos para no caer y usamos su tiempo como si no tuvieran otra cosa en la que ocuparse. Así ocurre en distintas etapas de crecimiento que se cierran con la llave de “normalidad”.

Cuando se dice que las cosas funcionan con “normalidad” se entiende que hay un cierto equilibrio entre problemas y soluciones, que hemos conseguido un grado de satisfacción similar para la mayoría y que somos capaces de quejarnos dentro de un orden. Prestamos nuestra colaboración a la sociedad para conseguir entre todos una mayor calidad de vida. La idea de conseguir un “desarrollo sostenible” me parece especialmente equilibrada.

Samsara” me ha dado pie para conversar con un amigo sobre la dificultad de encontrar el equilibrio en “la contradicción que se plantea frecuentemente entre las expectativas que otros se hacen de lo que debe ser tu comportamiento y tus propias expectativas, así como entre tus expectativas y tu comportamiento real”. (Te dejo a solas con esta reflexión).





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