LOS MONJES
Hablando con Juan sobre
El monje, la flor y el
monje
Una
mañana, amaneciendo, caminaba un monje budista por un hermoso valle.
Concentrado en sus oraciones, en su caminar, algo llamo su atención. Una
hermosa y esbelta flor sobresalía de entre unas piedras y hierbajos. Su belleza
dejaba el entorno en penumbras. Se dirigió a ella y arrodillándose extasiado
comenzó lentamente a liberarla de aquellas piedras y hierbas que secuestraban
tan hermosa flor. Lentamente y sumido en sus oraciones, el monje fue limpiando
con todo su amor su entorno, hasta dejar un circulo de piedras que la
protegiese de las agresiones de la naturaleza. El monje maravillado ante tanta
belleza oró durante horas dando gracias por aquel regalo de la naturaleza. El
sol ya empezaba a decaer, era tarde y debía continuar su camino. Se despidió de
la flor y orando se alejó.
No tardó en pasar por ese mismo camino otro monje, que
como el anterior se retiraba a su templo. Cuando reparó en la presencia de la
flor, se dirigió a ella y entusiasmado dio gracias a Buda por darle un regalo
tan hermoso. Con mucho amor se acercó a la flor y suavemente tiró del tallo, la
arrancó y siguió su camino, orando feliz y contento.
Da que pensar, quizás, si el segundo
monje no hubiese arrancado la flor, al día siguiente una vaca sagrada se hubiese
comido la flor, o peor aun, una gran mierda hubiese cubierto su belleza.
La naturaleza no entiende de bellezas, tiene un camino
único e imparable, ella soluciona sus problemas sin ayuda de nadie.
Juan
Estas son mis reflexiones sobre el cuento de Juan.
Desde
aquí se podría decir que el monje primero tomó la flor como punto de referencia
en su meditación y así pudo ordenar sus pensamientos. (Recuerda la parábola de
Jesús sobre el trigo y la cizaña).
El
segundo tomó la flor como punto de referencia en su actitud gozosa, fruto ésta,
de una correcta meditación.
Si nos
fijamos en la flor, ella cumplió su ciclo natural y dio fruto en los dos
monjes.
La
vaca, en cuanto que sagrada, nos dice que desprenderse a tiempo de los
deshechos es fertilizar la tierra para una nueva cosecha que hay que incorporar
(comer) en el presente.
Se
encontraron esos dos monjes en el camino y discutieron sobre la flor:
"La flor se está moviendo"
"El viento se está moviendo"
"Ni el viento, ni la flor. La mente se está
moviendo"