A Darío
Certera sospecha tenía de tu pecho
que
albergabas corazón muy humano,
y
para no caer en tópicos ni vulgaridades,
tus
pensamientos marcaban diferencias,
que
los demás no comprendíamos.
Tu
filosofía nos parece oscura,
acaso
te acercas a esa ciencia,
de
manera para nosotros extraña,
de
axiomas sin premisas ni silogismos
y
te dejamos aislado
porque
a tu “hondura” no llegamos.
Hombre
de libros sabios siempre entre tus manos
has
sucumbido al silencio que hemos impuesto en la tertulia aunque tu bullir,
siempre zozobrado, buscando la razón
sepa
transigir por estar a nuestro lado.
Ayer
pudo ser un día aciago.
Preocupada
por tu inoportuna caída
te
preguntaba cada poco, con interés por tu estado
y
fue tal agradecimiento a este sentir mío
que
me dijiste: “buena gente”,
con
una caricia en mi brazo.
Me
emocioné: Dabas aun al daño, gracias,
con
la bondad que tiene el hombre sabio.
Carmen
Vega
