domingo, 26 de julio de 2026

LOS CUADROS DE JOSÉ CAJAL



No sé por dónde empezar. Son tantos los hilos que se mueven, tan cariñosos los paisajes que sugiere esta obra, que no sé por dónde empezar. 

El conjunto es sencillo. Unas vasijas, cuatro frutos, varios azulejos y un trozo de madera. 

La distribución de estas imágenes es armónica. La vasija se expresa con tanta vitalidad que reparte el protagonismo a todo el conjunto y podría decirse lo mismo de todos los elementos (incluido el marco). Ninguno se cierra en sí mismo y habla con orgullo de los otros. Se respira paz. 

Podría ser una pequeña tinaja o una jarra. Quizás un jarrón. Termina siendo todo a la vez. 

Tiene personalidad y un pequeño defecto en la base. Lo disimula ese cuenco a su lado que contiene un fruto inmaduro. Las tiernas hojas que lo acompañan denuncian su prematura separación del árbol. Encuentra su equilibro en la hospitalidad recibida. Se repite la escena en el otro extremo con las dos castañas que relatan lo mismo. Sólo la del centro es un fruto maduro y por ello sabe decir: “yo también tengo mi sombra” y pasa el testigo a la repisa. Está construida con una madera sencilla, reparada y con cicatrices. “Soy fuerte”, nos dice, “pero hace falta más vigor para jugar la partida que sugieren los azulejos donde estoy apoyada”. 

Y jugamos. 

Buscamos al autor. Cuando empezó a mover  ficha no había luz y era difícil encontrar las riendas. La imaginación es hospitalaria y para no dejar de serlo llamó a la realidad. Ya no importa que en algún momento asustase la oscuridad y se creyese en centauros. Pertenece al pasado aquel miedo a reconocer como suyo su origen. Lo fundamental es que llegó el presente con toda su alegría. 

Buscamos al autor para aplaudirle. 

Mirad su firma. Es una sinfonía.



No se esconde, subraya su obra. La reconoce suya y al hacerlo se abraza él mismo sin poder evitarlo. A través de esos dibujados ojos se le ve sonreír. 

Sonríe como yo cada vez que miro este bendito cuadro. Bendito por salud, por canto a la vida, a la suya, la del autor. Bendito por darle jaque mate a la desesperanza. 

Aplaudo. Uno más… por favor…


sábado, 25 de julio de 2026

A JOSÉ EN EL 2001

 




A José

(que me quiere)

  

"Estás fea", (me dices, resumiendo).

 

Por el tono, descubro que no es un reproche a mí 

 (¿por qué te cortaste?)


 Sino de sorpresa (a la belleza).:

 ¿por qué te ocultaste? 

 

Ahora me asombro yo al descubrir

que tienes un lugar para ella

 (¿por qué no te quedas?)

 

¡Qué generoso has sido!

(Si lo llego a saber, me corto el pelo antes)

 

Por favor,

vuelve a decirme fea.

 


viernes, 24 de julio de 2026

MIGUEL GILA

(Ordesa por Manuel Muñoz)


"Buenos Aires y el tango son parte de su vida. De todo ello habla en un libro recientemente publicado. Su hija se llama Malena.
Tango y equilibrio.

Gila, según él mismo dijo, tiene "un buen concepto de sí mismo" y la bondad supone haber conseguido un equilibrio entre todos los demás valores fundamentales del arquetipo humano.

Tango y espacio.

Miguel Gila ha sido un hombre leal, fiel a sus ideas, que nunca invadió espacio ajeno. Ha pasado la mayor parte de su vida haciendo reir a todo el mundo, incluso a aquéllos que no tenían ninguna gracia.

Tango y elegancia.

Gila es un hombre capaz de cultivar la amistad. Os leo una de las definiciones más hermosas que ha escrito Darío.

"Amistad es la elegancia del amor"


    Por éstas, entre otras razones, compartimos con Miguel Gila nuestra pasión por el tango."


miércoles, 22 de julio de 2026

DARIUCO SE NOS FUE EL 22 DE JULIO DE 2013



Alguien perdió una carta (Darío) dirigida a alguien (María). Decía así:

 Para ti.

 Hace un día muy hermoso. Qué quietud. Qué silencio. Tanto como mi paz. Soy feliz.

Respira hondo (aquí venía el nombre del autor), que de más hondo aún viene tu dicha.

Qué pena quererte tanto, qué pena; pero qué alegría también tener esta pena.

Este hombre, el mejor que he conocido, podría haber sido tuyo.”

 Si yo hubiese sido la destinataria de esta carta (que lo era), hubiera respondido así:

 “Tienes razón. Es el mejor por ser el único que has conocido. Si te hubieras “reconocido” esa pena estaría en su sitio y hubiera traído su espacio.

La diferencia en decir “tuyo” a “tu yo” es fundamental. Mi yo solo espera reconocerse en mí para no invadir el espacio de los demás. Si yo hubiera sido tú no habría para mí felicidad posible.

Tuyo debiste ser tú y no pudo ser.

Estoy segura de que ya lo has comprendido todo. Para la conciencia universal tú también eres imprescindible. En este final pudiste respirar con la hondura debida.

Yo nunca he dejado de ser feliz.

Para mí











“Ahora podéis hablar vosotros”, dijo Darío después de media hora sin soltar la palabra.

¡Eso lo dices sólo para seguir hablando!, replicó un amigo haciéndonos reímos a todos, incluido el autor de esa frase.

Esta anécdota le define bien. Hablaba mucho y exponía ideas interesantes, pero había un error en el planteamiento que invalidaba el enunciado.

Nos habíamos reunido para conversar entre todos, no como espectadores.

Repetía hasta la saciedad que la discusión era lo interesante, la actividad más sana y vital, lo mejor que podíamos hacer, pero adolecía de lo fundamental: el valor de escuchar. Valor para entrar en lo desconocido.

Nadie (presumía) le había ganado nunca. Y era verdad. Nadie pudo derribar esa muralla y entrar en el auténtico Darío.

Pero el final está por escribir. Dariuco dejó muchas pistas para que Darío lo encontrase.