domingo, 16 de diciembre de 2018

jueves, 13 de diciembre de 2018

jueves, 6 de diciembre de 2018

¿POR QUÉ NOS ENFADAMOS?










Enfadarse es infantil y siéndolo perderemos de vista (aunque solo sea por un momento) a ese "niño" que llevamos dentro.

"Ciegos" nos "vemos" desvalidos y protestamos como niños abandonados.

La vida es un hermoso jeroglífico, un mosaico de espacios, donde se nos ofrece jugar a encontrarnos.

A primera vista es simple y como para el esfuerzo de mirar dos veces no estamos preparados, se nos complica todo.

No importa. El tiempo es generoso.

Si hacemos como Baubo a Démeter, o sea, conseguimos que Cronos se ría con nosotros, dejará que "pasemos" de él y solo entonces resultará evidente que aquellos renglones sólo estaban torcidos antes de contemplarlos.

 Esa caricia de la conciencia levantará la mano del destino. Al dueño de ese dedo habrá que darle un beso por jugar con nosotros a ser de nuevo niños.


martes, 4 de diciembre de 2018

LOS MAYORES












            Es lógica esa preocupación por tus padres. No venimos a este mundo con un libro de instrucciones para saber cómo comportarnos en cada situación comprometida. Tenemos que improvisar y nos angustiamos.



Seamos detectives.



            Si pudiéramos ordenar nuestros sentimientos descubriríamos espacios en blanco que les corresponde llenar a los otros y que indebidamente invadimos. He ahí el origen de alguna desazón. No adelantarse y escuchar es una norma básica del tango aplicable al devenir cotidiano. Saber establecer los límites entre lo que nos corresponde asumir y la responsabilidad que debemos dejar a los demás es un arte.



“Por mi situación no me angustiaría,

 pero me angustia que el otro se angustie por mi situación”.



            Las personas mayores, pero sobre todo nuestros padres, son un incalculable tesoro de experiencias. Unas veces por responder correctamente a problemas de todo tipo o por haber sufrido si no han sabido hacerlo. También son importantes los tachones que ayudan a no repetir errores.



Seamos consecuentes.



            Disfrutemos de su compañía como son, sin querer cambiarlos, sabiendo que es un derecho que les da la edad. Cuidémoslos sin querer cobrarles con un reproche por hacerlo, evitando así generales un sentimiento de culpabilidad.



            Seamos buenos, porque lo que hacemos-somos y la vida es un boomerang.