lunes, 23 de noviembre de 2020

NEUTRINOS



En el 2003




“Los neutrinos son partículas materiales elementales extremadamente ligeras (posiblemente sin masa) que se ven afectadas solamente por la fuerza débil y la gravedad”. Esto dice Stephen W. Hawking en su libro Historia del tiempo, y me gustó la “biografía” de estos “elementos”. 

En el libro relata que ha resultado muy complicado descubrir su existencia porque el hecho de señalar donde se podían encontrar suponía usar una fuerza que los desplazaba, ocultándose de su descubridor, siendo delatados sólo por la estela dibujada en su huida.

Hablar de los caminos que recorre el amor es peligroso, porque el amor es muy celoso de si mismo.

Tenemos ejemplos en la naturaleza. Hay especies de animales que rechazan a sus crías si las tocan manos extrañas. Ese “toque” incorpora un elemento ajeno que le da otra dirección a lo contado y esa dirección supone un desvío que despista. 

Lo natural solo se hace responsable de lo que se modifica “naturalmente”.

Y sin embargo, es bueno hablar del amor con naturalidad. Hacerlo es incorporar el riesgo. Aquél (según entendí) del que hablaba Nietzsche cuando decía que había que vivir peligrosamente.

El peligro estará en no ponerle puertas al campo, y la clave: entrar por aquellas que nos abre el amor. Sí, pero solo el amor.

Porque el Amor sólo tiene una puerta, y es de entrada.


***






sábado, 21 de noviembre de 2020

DUMBO






Entro en Dumbo. Me siento en una de sus mesas y un bolígrafo me pide que le siga. Voy detrás de él.

Dibuja un recorrido que intuyo interesante, pero no entiendo bien qué dice… y me dice:

“Tienes que elevarte”.
Pregunto:
¿Te sigo o me distancio?

“No es incompatible”, contesta. “Tomando altura no me perderás de vista y además te encontrarás leyendo lo que escribo”.



Me cuesta. Tengo vértigo (no por la altura, sino por dejar el suelo que da seguridad) y el bolígrafo me ofrece su apoyo. Tiene una caperuza en la que puedo situar mi vista y cambia el panorama. Aparecen varias dimensiones. Puedo seguirle y leer lo que escribe al mismo tiempo.

Cuenta la historia de alguien que se empeñaba solo en el espacio/tiempo y su vida era como un agujero negro. Un buen día recibió una clave. Mejor dicho, la traducción de una clave que tenía encriptada.

Se dejó llevar y apareció al otro lado. Desde allí se veía completo. Le costó reconocerse porque hasta entonces no supo que los demás eran espejos suyos.

El viaje fue ambivalente. Duro y hermoso, pero por fin se encontraba… feliz porque se encontraba.

Curiosamente lo que parecía un final era solo un principio.

Le agradecí a ese bolígrafo su empática historia que me sonaba a música celestial  y quiso volver a contármela. 

                                       Ahí estamos, sin parar de sonreír.










miércoles, 11 de noviembre de 2020

Maurice Ravel - Bolero

EL BOLERO DE RAVEL

 






                                                                      Cómo vi ese concierto

 

 

       Suena la joven orquesta nacional interpretando el Bolero de Ravel.

 

       En la última fila fagotes, trombos y trompetas esperan el momento para subrayar el ascenso conseguido. La percusión interviene reconduciendo la melodía que por un momento parecía querer volar. El latido de un poderoso corazón devuelve la pasión a su cauce y da comienzo otra frase.

Pero yo no estoy fina.

 

       El volumen se me hace insoportable porque algo ha ocurrido. Una de estas primeras notas tropezó en el estribo de mi oído que a su vez golpeó al martillo. Éste explicitó una sonora protesta por considerarse el único con capacidad de golpear, para lo cual derribó a un asustadizo yunque que cayó por el caracol y ya no hubo escalera capaz de rescatarle.

       En esas condiciones acústicas no podía unirme a la opinión general que expresaba alegría porque esa joven orquesta hubiese dejado de ser una promesa. Si ellos habían conseguido lo que prometieron, a mí ¿qué me pasaba?

 

Interpretaron a Ravel en la segunda parte.

 

       No era un buen apoyo (en mi caso) para reflexionar, por muy cerca que estuviera este compositor de los meditativos. Pero no quise dar la nota y aproveche el comienzo de aquel, casi imperceptible temblor de los palillos para intentar localizar, como un zahorí, el origen de tamaño desajuste.

 

En tono tranquilo, desarrolló la frase un instrumento de viento

 

       Una de las valiosas aportaciones que hace Matilde Ras al mundo grafológico es incorporar al pensamiento interpretativo el símbolo del aire. (Respiran los óvalos abiertos mostrando confianza en sí mismos).

Yo estaba cerrada

 

       Seguía el concierto. Una vez más, escuchamos ese corto y reiterativo pasaje musical, reforzado, esta vez, por las cuerdas que parecían decirme: "el mal genio aparece como un dique en tu puerta".  Y yo, como defensa, me distraía.

       La orquesta subía, poco a poco, el tono. La partitura no era tal, sino un mensaje monocorde que no dejaba escapar a nadie de su disciplina. Todos tenían que decir lo mismo aumentando proporcionalmente el volumen.

       Cuando los de la última fila se resarcieron, haciéndome oír en unos pocos, pero fortísimos compases, todo lo que no habían hablado hasta entonces, creí no poder contenerme. Fue un esfuerzo no chillar ¡basta! ¡no puedo más!

 

       Pero ese esfuerzo abrió una puerta. Salió, como alma que lleva el diablo, un no sé qué, pero que me permitió escuchar el agradecimiento general a nuestra joven orquesta. Las manos revoloteaban y no sabría decir si el aire fresco que se respiraba salía de aquel palmoteo o de las abiertas sonrisas que manifestaban su aprobación por ese sobresaliente concierto.

 

Desde hoy escucharé a Ravel con otros ojos.


lunes, 2 de noviembre de 2020

FUIMOS - ROBERTO GOYENECHE

HOMERO MANZI - Tango

 

Hay un hermoso tango de Homero Manzi que expresa esa paradoja. 

Fui como una lluvia de cenizas y fatigas
en las horas resignadas de tu vida...
Gota de vinagre derramada,
fatalmente derramada, sobre todas tus heridas.
Fuiste por mi culpa golondrina entre la nieve
rosa marchitada por la nube que no llueve.
Fuimos la esperanza que no llega, que no alcanza
que no puede vislumbrar su tarde mansa.
Fuimos el viajero que no implora, que no reza,
que no llora, que se echó a morir.

¡Vete...!
¿No comprendes que te estás matando?
¿No comprendes que te estoy llamando?
¡Vete...!
No me beses que te estoy llorando
¡Y quisiera no llorarte más!
¿No ves?,
es mejor que mi dolor
quede tirado con tu amor
librado de mi amor final
¡Vete!,
¿No comprendes que te estoy salvando?
¿No comprendes que te estoy amando?
¡No me sigas, ni me llames, ni me beses
ni me llores, ni me quieras más!

Trasmite bien ese dolor. La soledad de ese viaje que inevitablemente uno tiene que realizar solo. Es la única manera de llegar al destino correcto. El propio corazón.