domingo, 31 de marzo de 2024

CARLOS SEBASTIAN SE FUE (Pero está)


En mayo de 2010 Carlos Sebastián escribió:
-Ya no echa agua como antes, decía uno.
-Ahora más que brotar, se resbala por la fuente, contestaba otro.
-Y no se comporta igual el agua, terciaba un tercero

Así eran los comentarios alrededor de la fuente que había cambiado su comportamiento en los últimos tiempos. Todo eran conjeturas, todos los que pasaban, no podían evitar una mirada de dulzura y una expresión de incertidumbre, de asombro en sus caras.

-¿Por qué ha pasado esto? ¿Cómo se ha llegado a esta situación?

Eran las preguntas más repetidas, aunque habría que comenzar por el principio, como casi siempre, para llegar a entenderlo.

Entre los dominios de tercero, quinto y cuarto, dos años antes de la era zagaliana, apareció una fuente de la que manaba un agua, no te digo, iba a ser moscatel con sardinas, que según decían tenía poderes mágicos. Hacía reír a quien la probaba, transmitía energía positiva, despertaba sueños, contaba cuentos, daba patadas, no, jugaba al fútbol, tenía mucha gente, escuchaba, vamos la repera en bicicleta, aún es más, decían algunas lenguas, que en las noches de luna llena, contaba chistes, pero esto no está confirmado, como tampoco si quitaba la sed.

Muchas personas se acercaban a ella con todo tipo de cacharros desde botijos hasta las propias manos. Ollas, cantimploras, hojas de papel, escritos, cuchicheos, conversaciones sotto voce, conspiraciones, viajes, vasos, jícaras, tazas, tazones, no vale hacer rimas,… formaban los elementos de los que se servían para obtener los beneficios de dicha fuente.

Le hicieron innumerables análisis, morfológicos, sintácticos y de los otros. Encontraron restos del Portillo, de maristas, del Camino de las Torres, de balonazos, de pozas e ibones del Pirineo, de muchos niños, de malempleada caligrafía, una vez, uno halló un resto de playa, pero no está perfectamente documentado, de avisos, sufrirás del estómago, vaya con los adivinos, hasta restos de barba y pipa. Con estos antecedentes, está claro que no pudieron conseguir el certificado para poder embotellarla.

Mientras seguía brotando alegre y feliz, la transportaron a otro pasillo y continuó con los cursos de conducción de silla de ruedas, sobre todo los domingos por la tarde, produciendo ilusiones y disfrutando con sus seres queridos, hasta que llegamos a la situación actual, donde, como decíamos al principio, salía poca y no era de la misma calidad. Era una verdad a medias, es cierto que manaba menos, pero la calidad no estaba en el agua en sí, sino en quien la tomaba. Algo ya descubierto en un noctámbulo congreso, donde después de muchas divagaciones, fumaciones, libaciones y demás “ones” se llegó a la conclusión que “donde no hay mata, no hay patata”.

A su vez continuaban las explicaciones, unos decían que se debía a una oclusión en las cañerías, otros que se habían vaciado los acuíferos y hasta la llegada de las próximas nieves, no se solucionaría, otros que al cambio climático, faltaría más, otros lo relacionaban con la desaparición de los dinosaurios, casi nada, hasta alguna voz clamó con la crisis, como no sea la de pensamiento…

Una mañana no estaba. En su lugar apareció un triángulo pequeñito verde fosforito.

-¡Claro, ya está! Se la ha llevado la grúa.
-Como no estaba bien aparcada…
-No habría sacado el ticket de aparcamiento.
-¡Qué afán recaudatorio que tiene este Ayuntamiento!

Se acercaron al triangulito y leyeron:

CONFIESO QUE HE VIVIDO




Yo me encuentro entre aquéllos que se acercaron a esa entrañable fuente. Me llamó la atención que el agua no era “bendita” sino de manantial. Que no tuvieron que reciclar ninguna contaminación “original” porque llegaba directamente de la naturaleza y la naturaleza, como se sabe es “buena por naturaleza” y no valen discusiones.

Además de todas las personas de las que habla el autor, a esa fuente la rodeaban unas presencias que sólo ven los niños: gnomos, hadas, janas, ijanas, trastolillos y todos los etcéteras que son quienes alimentan la imaginación. Estoy segura de que fue alguno de ellos quien dejó un libro para mí.

Hablaba ese libro de otra fuente/manantial que derramaba ideas vitales y, como la otra, aumentaba la sed de conocimiento.

Fuentecarlos y Olof Palme adoraban las bicicletas. Ambos dos eran libres y querían viajar en sus convicciones sin obligar a nadie a comulgar con esas dos ruedas en las que demostraban su equilibrio vital.

Olor Palme se fue. Carlos también. María y quien lea esto nos iremos en una fecha que ya está escrita aunque no hayamos abierto el sobre que cerrará una puerta y abrirá otra. Pero no es lo mismo tener que pedir auxilio y perdón por haber vivido, que “confesar” con ese cariño con el que hemos tratado a la vida que la daríamos entera para evitar el menor sufrimiento a quienes queremos. Quienes nos quieren, por supuesto, harían lo mismo.

Querido Carlos, te acompaño. Esa grúa igual quiere quedarse contigo para ella sola y Nieves, Carlos, tu amigos y amigas no lo vamos a permitir.

Confieso que os quiero a los tres y a ella (la cuarta) por querer a tu hijo.

María.
P.D. Querido Carlos, ha sido un regalo haberte conocido.

sábado, 30 de marzo de 2024

UNA VELADA ELEVADA AL CUBO

 


SINOPSIS

 

            Si no tuviésemos un espejo, no sabríamos cómo es nuestro rostro. 

Siempre me interesó conocerme y conseguir mi equilibrio. Ese fue mi objetivo. No cargar a los demás con pesos que no eran suyos. 

Por eso, os cuento cómo me veo en el paisaje del otro y así dejo que cada uno se interprete a sí mismo. 

Ahora os toca a los lectores de este libro escribir entre sus líneas.


viernes, 29 de marzo de 2024

UN BUEN SASTRE








Escribir sienta bien porque el papel nos sirve de espejo donde proyectarnos, pero ese ejercicio podemos hacerlo con cualquier actividad para la que estemos preparados o simplemente siendo espectadores de los demás, como si la vida fuera una obra de teatro.

Normalmente no damos importancia a lo que realmente la tiene. Por ejemplo: un buen sastre.

Tener la fortuna de encontrar a un profesional concentrado en la confección de una prenda para subrayar la elegancia que de otra manera estaría escondida, no tiene precio. La hospitalidad es otro regalo que solo puede pagarse quedando en deuda y vuestra casa es un ejemplo.

Podría describir multitud de hechos y actitudes que nos llenan la vida de color aunque no nos hagan famosos. Lo importante es la autoestima (no la vanidad), porque únicamente con esa medida podremos valorar a los demás  como nos gustaría que lo hicieran con nosotros.







jueves, 28 de marzo de 2024

PAISAJES

Pasarela del voluntariado - Zaragoza
A Juan Carlos Gandarilla



Paula estaba atenta.
Escuchaba voces nuevas que concentraban su atención
 y alguna caricia que dibujaba los límites de su rostro.

La miraba Juancarlos ofreciéndole un lugar desde donde mirarse.

Alegría y generosidad, distribuidos por igual, en un rostro de matemático distraído.

Gandarilla podría ser una fruta, el matiz de un color (verde gandarilla)... la vereda a tomar para no extraviarse, para no perder esa capacidad de asombro que pertenece al misterioso mundo de los niños.

O quizás una lámpara.

La de ese genio que espera ser liberado entre las notas musicales del manantial oculto que es la música

***

miércoles, 27 de marzo de 2024

PIRENE Y SU INTELIGENCIA EMOCIONAL


PAISAJES AMIGOS


  A lo largo de los años, cada uno de nosotros vamos caminando en una dirección única  que es el final de nuestros días. Mientras este caminar es activo y ocupa los primeros años no nos damos cuenta de lo rápido que pasa y solamente cuando ya hemos superado las tres cuartas partes de nuestra vida, miramos hacia atrás y vemos lo que ha ocurrido y lo que hemos valorado en ella.

En la infancia los juegos en el campo, el colegio y las travesuras propias de cada edad lo llenan todo. Yo con frecuencia miro y me duermo recordando anécdotas entrañables de esta parte de mi vida.

La adolescencia con menos libertad, pero no tan distinta de la actual. Tus sueños, tus añoranzas, tus deseos de ver a ese chico que llega en vacaciones y con el que no puedes apenas hablar porque el corazón se te sale del pecho. Estos sentimientos no te los puede controlar una educación sexual represiva.

La profesión elegida desde tu niñez y que se hace realidad gracias al trabajo duro de tus padres y a tu propio esfuerzo. El primer trabajo y el comienzo con veinte años del conocimiento de una vida nocturna en la ciudad en la que llevas tres años y que no conoces. Nuevas amistades, muy, muy especiales, que en estos años y durante las guardias nocturnas se van consolidando, lo mismo que el conocimiento de la realidad de tu país y que en casa apenas te han comentado. Las primeras octavillas contra un régimen totalitario las carreras delante de los “grises”, las pelotas de goma y las bombas de humo.

A la vez conoces personas del mismo talante pero con distintas actividades, entrañables tertulias en cafeterías o domicilios particulares. Sábados agradables entorno a un batido de vainilla y plátano. Conocimiento del que sería, es  y será el amor de tu vida.

La prodigiosa década de los treinta, conocer definitivamente el amor y el precioso alumbramiento de mis hijos.

Los amigos, esos de las tertulias, ahora vienen a casa y se quedan hasta tarde para que nuestros niños estuviesen en sus camitas descansando.

Nuestras acampadas libres en el valle de Pineta durante una semana de agosto, con el cafecito y la tertulia con nuevos amigos entorno a la hoguera.

Un desarrollo profesional satisfactorio y muy motivado tanto por mi pareja como por las personas  con las que trabajaba. Una vida feliz solo salpicada a partir de los cuarenta por los sucesivos ingresos hospitalarios de mis padres, esos padres que lucharon tanto por mí y a los que yo ahora debía cuidar.

Pero pasa el tiempo y las cosas se van complicando, la vida no es fácil o no la hacemos fácil. Los padres se han hecho muy mayores los hijos han crecido y pasado por diversas etapas.

Llega un día en cual todo cambia, y te encuentras sola y son tus hijos y el trabajo los que te sostienen. Ahora los padres ya se fueron y quedan ellos y ese hermano tan preocupado siempre por lo que te pueda ocurrir.

Tu carrera profesional se ha hecho añicos por personas que no valoran el trabajo, sino lo que parece o se debe aparentar. Sientes que te hundes en un pozo oscuro del que no tienes interés en salir.

Tus hijos, tu hermano, tu familia, tira de ti, y sólo ellos saben del sufrimiento que te carcome.

Pero los amigos siguen allí. Ya son pocos, ya sólo es una la que permanentemente te llama y le pides que no te agobie, que ya no quieres salir que ya todo se ha desvanecido.

Ella, aquella chica rubia de cabello rizado y siempre con los mismos pantalones de pana, Aquella a la cual en el inicio rechazabas, esa permanece incondicional a tu lado. Te sigue llamando y se preocupa por el bienestar de tus hijos y del tuyo propio. Siempre con una sonrisa y nunca reprochando nada a esa persona que ella sabe quién es, va dedicado este repaso rápido de mi vida,

Pirene





lunes, 25 de marzo de 2024

LEYENDO A FRANCISCO PELLICER

El Moncayo desde Veruela
Foto propiedad de


En el 2001 me entusiasmó este libro.
Refª: Publicación nº80-47 de la C.A.I.


MONCAYO


Hoy he conocido el Moncayo a través de un hermoso libro.
El mapa que se nos propone no puede tener mejor comienzo. Es decir, recorrerlo en compañía de amigos (Becquer, Machado, el autor), para que al mismo tiempo paseemos interiormente, en espejo, a dúo con la tierra.
Como en cualquier paisaje se combinan las luces con las sombras, pero aquí lo oscuro es sólo un subrayado para llamar nuestra atención sobre la transparencia de los ojos que vieron lo que ahora se narra.Y se nos cuenta todo, porque en este paseo no hay nada que limite (protege la inocencia).
Con solo dos palabras ("situaciones absurdas") Francisco Pellicer nos confidencia que sigue intacta su imaginación, como si fuera la mejor de las especies protegidas. Y provoca un silencio que repara cualquier alteración en el paisaje después de visitado, si es que la hubiera.
Finalmente se explaya en dar su clase magistral, sin olvidarse nada. Pero es tan vivo, tan vital su relato que pasa de la quietud al movimiento de la misma manera que nos contó sus sueños Akira Kurosawa.
Pero he visto algo más. Y ese el viaje. Retornar (que no es regreso) a ese centro de partida, aligerada por la luz de esa consciencia.












sábado, 23 de marzo de 2024

PINZÓN

 






¿Sabes quién era Pinzón? Seguro que tu abuelo José lo conoce. 

Hace muchos, muchos años, cuando yo era niña, Pinzón era el Google de la memoria. Sabía todo lo que pasaba en nuestras casas y lo piaba a los cuatro vientos. Hizo nido en mi disco duro y de vez en cuanto me cuenta cosas. Por ejemplo: 

 “Hay un niño que se llama Víctor que es un estupendo portero, pero se enfada cuando le meten un gol”. 

Los enfados no sientan bien a nadie porque son una tontería. 

Si un portero se enfada, lo que hace normalmente es quedarse quieto, cruzar los brazos, bajar la cabeza y como consecuencia de esa falta de reacción pueden meterle otro gol. 

Si por un gol se ha enfadado con el segundo se llena de “ira” y esto es fatal porque ese sentimiento es como un virus informático que te hace repetir el enfado como un papagayo. 

No te creas que solo les pasa a los niños. ¡Qué va! Los mayores no se libran de esta epidemia y eso que se supone que tienen que dar ejemplo. 

Le pregunto a Pinzón qué se puede hacer en estos casos. Me nombra al Oso Panda, a Rafa Nadal y desaparece. 

Al principio me enfado porque un amigo no se puede ir cuando lo necesitas, pero entonces “Panda” aparece y le cierra la puerta a esa señora “Ira”. Luego se va. 

Como un “enfado” sin “ira” no tiene fuerza me deja pensar. 

               - ¿Por qué se fue “Panda”?           Porque hizo lo que tenía que hacer.

               - ¿Por qué Rafa Nadal?                 Porque juega al tenis

¡Ah! Ya entiendo. 

Si Víctor cuando le marcan un gol golpea con la raqueta de su inteligencia al enfado y lo echa de la portería, no pierde su atención y defiende su terreno. Además, anima al resto del equipo para que defiendan mejor su espacio. 

¿Y si pierden? 

Si uno pierde es porque ha ganado el otro que era mejor y de eso se trata. 

En el fútbol, como en cualquier deporte, solo pierde quien se enfada. 

Querido Víctor, estoy segura de que el mal humor nunca marcará en tu ánimo. 

                                                                       Con mucho cariño

                                                                                                                      María


jueves, 21 de marzo de 2024

MONÓLOGO DE TATO BORES




La culpa de todo la tiene el ministro de Economía dijo uno.

¡No señor! dijo el ministro de Economía mientras buscaba un mango debajo del zócalo. La culpa de todo la tienen los evasores.

¡Mentiras! dijeron los evasores mientras cobraban el 50 por ciento en negro y el otro 50 por ciento también en negro. La culpa de todo la tienen los que nos quieren matar con tanto impuesto.

¡Falso! dijeron los de la DGI mientras preparaban un nuevo impuesto al estornudo. La culpa de todo la tiene la patria contratista; ellos se llevaron toda la guita.

¡Pero, por favor...! dijo un empresario de la patria contratista mientras cobraba peaje a la entrada de las escuelas públicas. La culpa de todo la tienen los de la patria financiera.

¡Calumnias! dijo un banquero mientras depositaba a su madre a siete días. La culpa de todo la tienen los corruptos que no tienen moral.

¡Se equivoca! dijo un corrupto mientras vendía a cien dólares un libro que se llamaba "Haga su propio curro" pero que, en realidad, sólo contenía páginas en blanco. La culpa de todo la tiene la burocracia que hace aumentar el gasto público.

¡No es cierto! dijo un empleado público mientas con una mano se rascaba el pupo y con la otra el trasero. La culpa de todo la tienen los políticos que prometen una cosa para nosotros y hacen otra para ellos.

¡Eso es pura maldad! dijo un diputado mientras preguntaba dónde quedaba el edificio del Congreso. La culpa de todo la tienen los dueños de la tierra que no nos dejaron nada.

¡Patrañas! dijo un terrateniente mientras contaba hectáreas, vacas, ovejas, peones y recordaba antiguos viajes a Francia y añoraba el placer de tirar manteca al techo. La culpa de todo la tienen los comunistas.

¡Perversos! dijeron los del politburó local mientras bajaban línea para elaborar el duelo. La culpa de todo la tiene la guerrilla trotskista.

¡Verso! dijo un guerrillero mientras armaba un coche-bomba para salvar a la humanidad. La culpa de todo la tienen los fascistas.

¡Malvados! dijo un fascista mientras quemaba una parva de libros juntamente con el librero. La culpa de todo la tienen los judíos.

¡Racistas! dijo un sionista mientras miraba torcido a un coreano del Once. La culpa de todo la tienen los curas que siempre se meten en lo que no les importa.

¡Blasfemia! dijo un obispo mientras fabricaba ojos de agujas como para que pasaran diez camellos al trote. La culpa de todo la tienen los científicos que creen en el Big Bang y no en Dios.

¡Error! dijo un científico mientras diseñaba una bomba capaz de matar más gente en menos tiempo con menos ruido y mucho más barata. La culpa de todo la tienen los padres que no educan a sus hijos.

¡Infamia! dijo un padre mientras trataba de recordar cuántos hijos tenía exactamente. La culpa de todo la tienen los ladrones que no nos dejan vivir.

¡Me ofenden! dijo un ladrón mientras arrebataba una cadenita a una jubilada y, de paso, la tiraba debajo del tren. La culpa de todo la tienen los policías que tienen el gatillo fácil y la pizza abundante.

¡Minga! dijo un policía mientras primero tiraba y después preguntaba. La culpa de todo la tiene la Justicia que permite que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra.

¡Desacato! dijo un juez mientras cosía pacientemente un expediente de más de quinientas fojas que luego, a la noche, volvería a descoser.
La culpa de todo la tienen los militares que siempre se creyeron los dueños de la verdad y los salvadores de la patria.

¡Negativo! dijo un coronel mientras ordenaba a su asistente que fuera preparando buen tiempo para el fin de semana. La culpa de todo la tienen los jóvenes de pelo largo.

¡Ustedes están del coco! dijo un joven mientras pedía explicaciones de por qué para ingresar a la facultad había que saber leer y escribir. La culpa de todo la tienen los ancianos por dejarnos el paísque nos dejaron.

¡Embusteros! dijo un señor mayor mientras pregonaba que para volver a las viejas buenas épocas nada mejor que una buena guerra mundial.
La culpa de todo la tienen los periodistas porque junto con la noticia aprovechan para contrabandear ideas y negocios propios.

¡Censura! dijo un periodista mientras, con los dedos cruzados, rezaba por la violación y el asesinato nuestro de cada día. La culpa de todo la tiene el imperialismo.

Thats not true! (¡Eso no es cierto!) dijo un imperialista mientras cargaba en su barco un trozo de territorio con su subsuelo, su espacio aéreo y su gente incluida. The ones to blame are the sepoy, that allowed us to take even the cat (la culpa la tienen los cipayos que nos permitieron llevarnos hasta el gato).

¡Infundios! dijo un cipayo mientras marcaba en un plano las provincias más rentables. La culpa de todo la tiene Magoya.

¡Ridículo! dijo Magoya acostumbrado a estas situaciones. La culpa de todo la tiene Montoto.

¡Cobardes! dijo Montoto que de esto también sabía un montón. La culpa de todo la tiene la gente como vos por escribir boludeces.

¡Paren la mano! dije yo mientras me protegía detrás de un buzón.
Yo sé quién tiene la culpa de todo. La culpa de todo la tiene El Otro.
¡EL Otro siempre tiene la culpa!

¡Eso, eso! exclamaron todos a coro. El señor tiene razón: la culpa de todo la tiene El Otro.

Dicho lo cual, después de gritar un rato, romper algunas vidrieras y/o pagar alguna solicitada, y/o concurrir a algún programa de opinión en televisión (de acuerdo con cada estilo), nos marchamos a nuestras casas por ser ya la hora de cenar y porque el culpable ya había sido descubierto. Mientras nos íbamos no podíamos dejar de pensar: ¡Qué flor de guacho que resultó ser El Otro...!






B I O G R A F I A

Nacido como Mauricio Borensztein el 27 de abril de 1927, se convirtió en el hombre más conocido de la televisión argentina vestido de frac, usando una peluca, lentes de marco negro y sosteniendo un habano entre sus dedos. El personaje Tato Bores fue el que durante cuatro décadas se puso frente a las cámaras para que sus inteligentes comentarios sobre la actualidad llegaran a los televidentes. Antes había formado parte de programas radiales, había hecho cine, teatro y también participado del varieté con Carlos Perciavalle.
Los primeros pasos en el humor político los dio luego de la caída de Juan Domingo Perón. Un día Alfredo Barbieri le pidió que viajara a Montevideo, donde conducía un programa de televisión, y así realizó con éxito su debut en los monólogos.
Hasta que en 1992 dejó de realizar Tato de América y se alejó de la televisión, supo acompañar los cambios políticos del país desde su mirada irónica y sus comentarios sagaces.
A poco de terminar su ciclo televisivo, en junio de 1992, Bores no hizo el programa uno de los domingos por la enfermedad de su esposa Berta. Bracelli compartió una última entrevista con él, en la que Tato iba en contra de la máxima del espectáculo de que el show debe continuar y se arrepentía de haber dejado pasar muchos momentos familiares por su carrera. “Mirá, voy a confesarte algo: yo en mi vida de actor hice grandes macanazos. No flores de revoluciones sino flores de cagadas. No estoy nada orgulloso de eso ¡y no me da la gana volver a repetirlo! Esto de que el espectáculo debe continuar, ¿quién corno lo inventó? Seguro que lo inventaron los patrones del espectáculo. Invento macabro, sin duda”.
Unas semanas antes, la jueza María Romilda Servini de Cubría había logrado que prohibieran a Tato, quien la había nombrado en el sketch del programa en el que interpretaba al investigador Helmut Strass. Ante el acto de censura previa, los personajes más reconocidos del momento se reunieron para entonar el inolvidable “La jueza Barú Barú Budía es lo más grande que hay”. Un Mario Pergolini de pelo largo, Julián Weich, Nicolás Repetto, Luis Alberto Spinetta, Darío Grandinetti, Mariano Grondona y Magdalena Ruiz Guiñazú, entre otros disímiles participantes, repitieron la estrofa rodeando a Tato, conformando una imagen que se oponía a la censura y mostraba el apoyo incondicional hacia el hombre de frac y peluca.
Tato Bores significó mucho para la pantalla chica de Argentina, a tal punto que se adueñó por completo de las noches de los domingos. Siempre destilando su punzante astucia despojada de cualquier tipo de soberbia, supo ganarse su lugar entre los televidentes. El hombre que en cada programa fingía hablar con el presidente de turno, fuera quien fuese, acompañado de grandes libretistas siempre logró utilizar al máximo todo su potencial humorístico para transformar -en reiteradas oportunidades- la realidad muchas veces trágica. Autor de la Historia no escrita de la Argentina, queda flotando la pregunta a la que nadie puede dar respuesta; qué habría dicho Tato este domingo, qué sabroso diálogo telefónico habría tenido con el Presidente, quién habría sido el invitado para el mudo brindis o para la tallarinada. Amplios pasajes de sus célebres monólogos están aún vigentes y todavía parece resonar en el vacío de la T.V. una y otra vez su voz despidiéndose:
"Por eso, mis queridos orejones del tarro, no se descuiden, no le den la espalda a nadie, ni se agachen si ven una moneda en el suelo, porque estamos viviendo en una época en donde los rengos le ganan a los avestruces. Así que a seguir laburando, atenta la neurona, vermouth con papas fritas y ¡good shoW!





miércoles, 20 de marzo de 2024

MOMENTOS DIFÍCILES





 Hay momentos difíciles en los que tenemos que asumir nuestra responsabilidad. Una vez situados en esa actitud hay que mirar al cielo.

  Esta elevación es solo para que las sombras de aquellos que eluden su responsabilidad no nos confundan y nos hagan pensar que no estamos actuando como debemos.

   Podríamos no saber qué hacer, pero lo importante es que estamos esperando saberlo con todas las consecuencias.




 

 

lunes, 18 de marzo de 2024

MIS CRÓNICAS

Abrazado a una pelota. Así iba por la calle. Descalzo, con el pelo ralo y la cabecita llena de sombras. La ropa sucia y rota. Perdido (sin buscar), porque así se encontraba.

Así lo vi, lo vimos, todos los que en ese momento caminábamos por el Coso, cerca de La Magdalena.

Paré a mirar si alguien lo esperaba y eché en falta a su madre. ¿Dónde estaba? ¿No había nadie cerca? ¿De quién era aquella criatura de poco más de tres años? 

Yo tenía prisa. Precisamente iba a desayunar con mi madre y no podía hacerle esperar. Lamenté la situación de aquel pequeño, pero no hice nada más.

Los años vuelan y sin saber cómo, se multiplican.

El autobús es un medio de transporte que uso todos los días. Alguna vez aprovecho y leo (si el ambiente lo permite) y eso estaba haciendo cuando subieron cuatro muchachos adolescentes. Había asientos libres y los ocuparon de manera desordenada. Voces altas y risotadas, junto a unos ineducados modales que en un instante rompieron la paz y sublevaron a los pocos pasajeros que viajábamos en ese momento.

Un caballero se quejó amargamente de la juventud. Levanté la vista con intención de recriminarles y lo que vi me devolvió al pasado.

Uno de ellos era él. Aquel pequeño con 10 años más de desamparo y protegido por otras tantas capas de insolencia.

Cambie la mirada por una interrogación. ¿Sólo esto? ¿Nada más que un poco de molestia en mi confortable vida? ¿No vas a echarme en cara que no ayudé a educarte, ni compartí contigo la seguridad que da un abrazo? ¿Qué no avisé a nadie para que te acogiera?

Bajé del autobús avergonzada, pero tenía prisa y el trabajo esperaba.

Desde ese día, cada vez que oigo hablar de juicios a menores me siento responsable. Deberían juzgarme a mí con ellos para que haya justicia y no paguen más de lo que ya han pagado.








viernes, 15 de marzo de 2024

AMADOR



Una velada elevada al cubo


      

*

     Eso no es un desierto, sino un completo paisaje que lo incluye.

     Hacía tanto tiempo que Hércules esperaba la manzana, que este mundo fue espetado sin contemplaciones en cuanto Atlas le acercó aquel dorado fruto. Desde entonces parece todo traslocado.

     Ahora es una pesadez recorrer este páramo y al momento las notas de un violín envuelven la aridez y la trasladan fuera, dejando el clima cálido, perfecto, para nacer de nuevo.

     Agobiados hoy por problemas (que lo son por mirarlos con lupa), podemos ser mañana tan ligeros como el color azul del pensamiento.

     Es este un corazón tan lleno de contrastes, que sólo un hábil narrador lograría no dejarse nada en el tintero.
¿Nos atrevemos?




***

martes, 12 de marzo de 2024

LOS CUADROS DE JOSÉ CAJAL

 




Será una copia, pero original. 

Nos habla del tiempo en su mejor aspecto. Los libros pertenecen a épocas diferentes a juzgar por las encuadernaciones. Diría que esa máquina no funciona, pero está ahí por haberse ganado el cariño de su dueño. El embozo que cubre la mesa a modo de mantel no tiene coherencia y ello facilita que la imaginación dibuje el rostro dormido de un fantasma. De los sueños hay que despertar pero las fantasías no lo permiten. Como prueba ahí está ese curioso reloj que no tiene saetas. No puede hablar con el tiempo y nos devuelve al mundo onírico a través de ese cordón-cadena incoherente también. 

Pero hay alguien en la habitación. 

No fuma. Abrió la ventana para mirar. Dejó esa pipa encima de esos papelitos para que el aire no los moviese más de lo necesario. 

Lo original está en su sitio. El autor no ha querido esconderse. Simplemente ha evitado quitar protagonismo a la escena con su nombre y eso subraya la autoestima de quien ha manejado los pinceles. La caja está vacía de vanidad. 

                                                        ¡Qué tiempo tan bien empleado!

 

  



domingo, 10 de marzo de 2024

LOS CUADROS DE JOSÉ CAJAL

 




¿Qué se ve?

Una entrada llena de luz. 

La luz entrando en uno mismo 

 

¿De dónde?

¡Qué más da la hora, el lugar, o el motivo! 

Lo importante es que entramos. 

 

¿Qué hay dentro?

Naturaleza pura. Pura sencillez. 

Un árbol que se dejó hacer barrica.

Una vid que dejó de ser, para ser vino.

 Aire.

 Se respira. Se madura.

 

Se vive, al fin.








viernes, 8 de marzo de 2024

LOS CUADROS DE JOSÉ CAJAL

 


No sé por dónde empezar. Son tantos los hilos que se mueven, tan cariñosos los paisajes que sugiere esta obra, que no sé por dónde empezar. 

El conjunto es sencillo. Unas vasijas, cuatro frutos, varios azulejos y un trozo de madera. 

La distribución de estas imágenes es armónica. La vasija se expresa con tanta vitalidad que reparte el protagonismo a todo el conjunto y podría decirse lo mismo de todos los elementos (incluido el marco). Ninguno se cierra en sí mismo y habla con orgullo de los otros. Se respira paz. 

Podría ser una pequeña tinaja o una jarra. Quizás un jarrón. Termina siendo todo a la vez. 

Tiene personalidad y un pequeño defecto en la base. Lo disimula ese cuenco a su lado que contiene un fruto inmaduro. Las tiernas hojas que lo acompañan denuncian su prematura separación del árbol. Encuentra su equilibro en la hospitalidad recibida. Se repite la escena en el otro extremo con las dos castañas que relatan lo mismo. Sólo la del centro es un fruto maduro y por ello sabe decir: “yo también tengo mi sombra” y pasa el testigo a la repisa. Está construida con una madera sencilla, reparada y con cicatrices. “Soy fuerte”, nos dice, “pero hace falta más vigor para jugar la partida que sugieren los azulejos donde estoy apoyada”. 

Y jugamos. 

Buscamos al autor. Cuando empezó a mover  ficha no había luz y era difícil encontrar las riendas. La imaginación es hospitalaria y para no dejar de serlo llamó a la realidad. Ya no importa que en algún momento asustase la oscuridad y se creyese en centauros. Pertenece al pasado aquel miedo a reconocer como suyo su origen. Lo fundamental es que llegó el presente con toda su alegría. 

Buscamos al autor para aplaudirle. 

Mirad su firma. Es una sinfonía.


No se esconde, subraya su obra. La reconoce suya y al hacerlo se abraza él mismo sin poder evitarlo. A través de esos dibujados ojos se le ve sonreír. 

Sonríe como yo cada vez que miro este bendito cuadro. Bendito por salud, por canto a la vida, a la suya, la del autor. Bendito por darle jaque mate a la desesperanza. 

Aplaudo. Uno más… por favor… 

                                                                                       María


jueves, 7 de marzo de 2024

JOAN MANUEL SERRAT


 



Joan Manuel Serrat

Fue sin querer... Es caprichoso el azar. No te busqué ni me viniste a buscar. Tú estabas donde no tenías que estar; y yo pasé, pasé sin querer pasar. Y me viste y te vi entre la gente que iba y venía con prisa en la tarde que anunciaba chaparrón. Tanto tiempo esperándote... Fue sin querer... Es caprichoso el azar. No te busqué ni me viniste a buscar. Yo estaba donde no tenía que estar y pasaste tú, como sin querer pasar. Pero prendió el azar semáforos carmín, detuvo el autobús y el aguacero hasta que me miraste tú. Tanto tiempo esperándote... Fue sin querer... Es caprichoso el azar. No te busqué, ni me viniste a buscar.




lunes, 4 de marzo de 2024

CONVERSACIONES CON ANTONIO G. OLIVARES - (5)

 
 
 
 
 
Una presentación casi fugaz a mediados del 2001 y unos meses más tarde parecía que siempre hubiésemos conversado.
Enero 2002
Antonio García Olivares (5)
…De ahí que esa sonrisa de Dionisos yo creo que era irónica, en contra de lo que tu piensas…
"El tango me recordó / que antes había danzado / con la Palabra" - Ojalá muchos más danzáramos con la palabra y no que la utilizamos como arma. La metáfora "una discusión es una batalla" impregna el habla occidental actual e, inevitablemente, predispone lo que hacemos cuando hablamos, porque en las metáforas hay un poder constituyente de realidad que generalmente nos pasa desapercibido. Hay que tener muchísimo cuidado, a la hora de elegir las metáforas que utilizaremos al empezar a hablar, pues están constituyendo el mundo. Lo avisaba Salinas en un bonito poema.
Así, la metáfora de la discusión como guerra está implícita en muchísimas expresiones comunes, como: "rebatí sus argumentos", "deshice su argumentación", "sus ideas tenían varios puntos débiles", etc. Como dicen Lakoff y Johnson (dos grandes teóricos de la metáfora), todo cambiaría si concibiéramos las discusiones, desacuerdos o desencuentros, en términos de danza. Las concebiríamos entonces (a las discusiones) como una sincronización, una búsqueda compartida de equilibrios, y no una pugna por la victoria o por evitar la derrota.
Hay una anécdota contada por Lakoff y Jonhson (en su bonito libro: "Metáforas de la vida cotidiana") de un estudiante iraní en EE.UU., que pensó que la metáfora implícita en la expresión inglesa "the solution of the problems" era la de un caldero con líquido burbujeante en el que se iban echando los problemas en cuestión, junto con otros reactantes (o sea, una "solución química" o alquímica), y dentro del cual, algunos de esos problemas se conseguía que precipitaran, definitiva o temporalmente, mientras otros seguían enmarañados en la mezcla disuelta. Dice Lakoff que su admiración por la profundidad de la cultura occidental disminuyó cuando se enteró de que esa no era la metáfora implícita en la expresión (sino otras de origen griego y latino).
Saludos y perdona el atrevimiento de hacer comentarios sobre algo que no necesita de ningún añadido. Sólo eran asociaciones personales que ha generado en mí. Ni por supuesto pretendía hacer un análisis completo de estilo, contenido, etc. Yo creo que la poesía no se debería de intentar analizar.
Enhorabuena y gracias por tan hermoso libro.
Antonio
Lo justo para no romper la inocencia.
Tu estudio sobre el tango (que no he terminado de leer todavía), sí que me pareció un análisis, en el sentido de que aparecía el tango "descuartizado". En "Budismo zen y psicoanálisis", un libro escrito por D.T.Suzuki y Erich Fromm, habla de lo que habitualmente se hace al analizar. Se "cadaveriza" lo observado y así nunca se llega a ver la idea en movimiento. Tu reflexión sobre "El Tango con Darío" no es un análisis, más parece una caricia que subraya exactamente lo que quería decir.
Leyéndote me parece que hubieras escrito el libro desde otro lugar en el mismo paisaje. Alrededor de estar fechas cumplirá un año que se publicó. Ha sido un hermoso regalo tu carta.
Gracias, Antonio y, por favor, vuelve a leerme otra vez.

domingo, 3 de marzo de 2024

CONVERSACIONES CON ANTONIO G. OLIVARES - (4)

 
 
 
 
Seguimos leyendo…
Una presentación casi fugaz a mediados del 2001 y unos meses más tarde parecía que siempre hubiésemos conversado.
Enero 2002
Antonio García Olivares (4)
…De ahí, yo creo, que tu libro sea de interés universal, y no sólo una experiencia particular que sólo alguien como la autora ha tenido la suerte de recibir de la fortuna y que no es extrapolable…
Pareces concebir el amor como dos libertades que se cruzan y deciden crear una nueva libertad ("El cruce", "La espera", "El boleo", "El ocho", "Los ganchos"), llegando a sospechar de esa libertad si es excesivamente mimética, como en "El espejo", ¿no? Esa libertad, me da la impresión, va unida en algunos poemas al silencio. Esto a un chino (ya sea taoísta, budista o confuciano) no le parecería nada extraño, pues como dicen muchos de sus poetas: "sólo en el silencio están todas las palabras", esto es, están todas las posibilidades contenidas en potencia, y se está en consecuencia en situación de máxima libertad; mientras que la frase pronunciada o la decisión tomada, restringen la libertad primordial en la que, simplemente, se vive en armonía con el fluir de las cosas. Hay un bonito libro de un sinólogo famoso ("Elogio de la insipidez") que habla de este concepto oriental.
La poesía "La multitud" es hermosísima y de una elegancia para la que no tengo palabras. Su estilo me resulta especialmente afín. "El reproche" y "Un enamorado" también me resultan especialmente hermosas. Al igual que "El destino". En efecto, ¿qué se puede hacer sino callar: "El destino es quien habla"! Poderosa imagen. Y también las dos poesías finales: "El final" y "La despedida": ¡Qué hermosa forma de cerrar un libro de poesía!
En respuesta (traviesamente polémica) a "Los ganchos enlazados", yo diría que en esa desorientación peligrosa es donde, a veces y en situación de absoluta embriaguez, Dionisos ha señalado a algunos humanos escogidos, mundos nuevos, mientras Apolo continuaba limitándose a adornar con guirnaldas las rectas columnas del canon de la archiadmirada Acrópolis. De ahí que esa sonrisa de Dionisos yo creo que era irónica, en contra de lo que tu piensas.
… (continuará)
…Hay una obra preciosa de Bruno Bettelheim sobre este tema..
¡¡Sí!! es irónica la sonrisa de Dionisos, pero breve. Lo justo para no romper la inocencia.
Los ganchos enlazados

Entras en mi terreno.
¡qué atrevido!
Y yo te sigo el juego
¡ay, qué ingenuo!
Nuestro paso se enlaza
¡y no te suelto!
Y tú te desorientas
¡qué peligro!
Apolo que te escucha
viene presto
y con audacia muestra
tu camino
Lo sigues,
y atrás dejas sonriendo a Dionisos
… (continuará)