(Fotografía Manuel Muñoz Farriols)
Los zapatos, como las convicciones, tienen que ser fuertes y por ello, flexibles.
Los unos para recorrer cómodamente el “piso” y las otras para compartir el mundo con todos los seres humanos.
Hemos vivido épocas en las que había que ajustar el pié al zapato y de ello se derivaban malformaciones espantosas como aquellos muñones de las chinas o los pensamientos uniformados que a golpe de consigna daban una falsa idea de unidad.
Los pies tienen que sentirse acogidos y nuestras ideas ser tan nuestras que no necesiten invadir otros espacios para desarrollarlas.
Kant decía: “Actúa de manera que lo que tú haces pueda convertirse en ley universal".
***/***
