
Hay una notable diferencia entre “ponerse en el lugar de los demás” para saber qué ven y entender sus reacciones y “ponerse en el lugar de los demás” para decirles que en ese lugar no deberían estar y sentenciar “que tienen un problema de ética y moral, además de un comportamiento inmaduro”.
Con la primera actitud me identifico plenamente. Asumo la responsabilidad de mis hechos y dejo libres a los otros para que hagan lo que su naturaleza les permita.
No seré yo quien les examine, pues necesito todo ese tiempo para juzgarme y pedirme cuentas por el resultado de mi comportamiento.
“Por sus hechos los conoceréis”, decía un filósofo. Y yo quiero conocerme para poder contarme cómo soy.
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