
La dialéctica es un arte.
En un combate de boxeo son habituales los golpes bajos para tratar de derrotar al otro “marrulleramente”.
Dialogar sin invadir el terreno del contrario es muy complicado. Reconocer que el otro tiene razón o que no tenemos argumentos para convencerle de la razón que creemos tener, es difícil porque hace falta mucha madurez.
Pero la vida está llena de sorpresas.
Si fuésemos capaces de plantear bien lo que queremos conseguir descubriríamos que en ese buen planteamiento ya estaba todo conseguido.
De Rubalcaba esperaría que no quisiera ganar a toda costa. Que quisiera compartir con los ciudadanos su experiencia y al mismo tiempo que estuviera dispuesto a escuchar la experiencia de otros.
Me encantaría que si perdiera las elecciones se mantuviese en el liderazgo de sus ideas con la misma fuerza empleada para ganarlas. Esa actitud sembraría confianza y la cosecha es la autoestima general. Con esa llave abriríamos las mazmorras en las que no encierra el dinero.
Lo que el liberalismo salvaje propone es que los individuos puedan hacer lo que quieran.
Yo prefiero pertenecer a una sociedad cuyos ciudadanos quieran lo que hacen.
En esa dirección creo que va Rubalcaba y yo voto por ello.
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